Los escenarios para Venezuela en 2016, según LVL

" El rebalance de poder es inevitable y eso, más tarde o más temprano, impedirá que se mantenga la concentración de poder vigente".

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Venezuela, sumida en una crisis social, económica y política de gran magnitud, se prepara para recibir un nuevo año un tanto desalentador, según la opinión de economistas y analistas.

Este domingo, el presidente de la firma Datnálisis, Luis Vicente León, publicó un artículo en El Universal, en el que analiza posibles escenarios para Venezuela en 2016 y sentencia un “inevitable rebalance de poder”.

Entre los planteamientos de León surgen tres panoramas: que el chavismo logre controlar momentáneamente la crisis política que le representó la derrota, que el pueblo se revele al considerar que el Gobierno violenta la democracia y desprecia su decisión electoral, o -su escenario “favorito”- que ocurra una negociación.

A continuación el texto completo:

2016: escenarios venezolanos

No es un camino fácil ni corto, pero es el único estable, como ha demostrado la historia

No hay duda que las cosas cambiaron. El rebalance de poder es inevitable y eso, más tarde o más temprano, impedirá que se mantenga la concentración de poder vigente y se producirán cambios en el largo plazo. Pero si nos ubicamos en el corto plazo, la cosa se complica. Es imposible proyectar lo que va a pasar en 2016 sin plantear escenarios. Los tres que analizaré aquí son posibles y prefiero que sean ustedes los que les den probabilidades de ocurrencia.

La primera posibilidad es que el chavismo logre controlar momentáneamente la crisis política que le representó la derrota. Lejos de la lógica convencional, perder no los divide sino los une.

La amenaza de un enemigo externo los articula. Aunque sea con una unidad pegada con chicles, el Gobierno podría usar su control institucional para bloquear al Parlamento.

Si bien la primera reacción es culpar al Presidente y sentir la necesidad de cambio antes que sea demasiado tarde para la preservación del legado de Chávez, la realidad es que terminan privilegiando el hecho de que cualquier fractura interna daría ventaja a una oposición fortalecida, que podría sacarlos del juego a todos a la vez, sin distingo de tendencias internas. La amenaza de un enemigo externo los articula. Aunque sea con una unidad pegada con chicles, el Gobierno podría usar su control institucional para bloquear al Parlamento. Las nuevas leyes pueden ser desechadas por el TSJ declarándolas inconstitucionales. La amnistía enfrentará una calificación de crímenes de lesa humanidad para los actos “cometidos” por los amnistiados. Los juicios contra magistrados no contarán con el apoyo indispensable de los otros poderes ciudadanos y esto sin contar con que el TSJ puede crear una interpretación artificial que dé marco legal aparente al insólito Parlamento Comunal con el que pretenden bypasear la decisión electoral del pueblo. La oposición intentaría movimientos legales para responder al abuso del Gobierno, que van desde el revocatorio (que depende de un CNE chavista) a la Asamblea Constituyente, que sería más potente y menos bloqueable, pero no hay muchas expectativas de solución a corto plazo y lo más probable es que la energía termine canalizándose hacia la elección de gobernadores y alcaldes el próximo año, pero con mucha frustración de una población que se sentirá burlada.

El segundo escenario es que el pueblo se revele al considerar que el Gobierno violenta la democracia y desprecia su decisión electoral.

En el medio de una crisis económica que solo puede empeorar en el primer semestre del año, la sensibilidad estará a flor de piel y si la oposición decide enfrentar al chavismo, puede conseguir el apoyo popular que antes no logró. El Gobierno se protegerá usando las instituciones que controla y las armas legales e ilegales. Las consecuencias de este conflicto son impredecibles en términos políticos, pero es obvio que el país agravaría a corto plazo su precaria situación económica.

El tercer escenario es mi favorito, que no tiene nada que ver con las probabilidades de ocurrencia del mismo. Ambas partes concluyen que no hay forma de salir del atolladero sin negociar.

El Gobierno olfatea que estirar la liga podría ponerlo en riesgo de perder el control institucional y militar y que la no toma de decisiones económicas aumenta el riesgo de desequilibrios sociales, por lo que decide negociar. Por su parte, la oposición entiende que su fuerza bruta es menor que la del Gobierno y podría quedarse atascada en un conflicto que la fractura y debilita, por lo que asume un rol más negociador y acepta que tendrá que sentarse a buscar soluciones conjuntas, lo que hace tapándose la nariz y lidiando con sus propios radicales que torpedearán el proceso. No es un camino fácil ni corto, pero es el único estable, como ha demostrado la historia. Abro las apuestas.

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Categoría: Venezuela | Claves: Luis Vicente León