Los ladrones “en pañales” que azotan Río de Janeiro

Con la llegada de la primavera y del calor, los asaltos en Río de Janeiro se han multiplicado. El blanco suele ser casi siempre el mismo: móviles de última generación.

Los ladrones “en pañales” que azotan Río de JaneiroCrédito: El Confidencial
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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- La violencia en Brasil no solo es de parte de los adultos, los niños también saben perfectamente cómo amedrentar a la gente. O por lo menos es lo que cuenta Isabella Ribeiro, una mujer que iba en el autobús 483 cuando un grupo de 20 niños “entraron por la puerta trasera, pidiendo ‘educadamente’ dinero con piedras en las manos”.

Ribeiro fue testigo de una explosión de violencia dentro del vehículo en el que viajaba. Ocurrió a la altura del túnel de Santa Bárbara. “Hubo gritos, peleas, agresiones a los pasajeros, olor a marihuana, un pandemonio”, cuenta la mujer en su perfil de Facebook. “Cuando algunos pasajeros intentamos bajar por la puerta delantera, dos niños con piedras en las manos nos bloquearon el camino y ordenaron que nos volviéramos a sentar. Amenazaban: todo el mundo va a morir”.

“El único policía (que llegó al sitio) apuntaba al bus con su arma; daba órdenes a los pasajeros para que salieran del vehículo y los niños quedasen dentro… Cuando estuve segura de que aquellos monstruos habían sido reducidos, salí temblando de pánico”, continúa Isabella, según reseña El Confidencial.

“Recordar aquellas expresiones en sus rostros, de maldad y de placer en hacer daño a los demás, me convence de que la maldad existe y que cada uno elige lo que quiere ser. Lo afirmo de nuevo: no son niños, no es por falta de oportunidades. Son delincuentes, bandidos, monstruos. Y existe un único lugar para ellos: muertos”, concluye Isabella.

Con la llegada de la primavera y del calor, los asaltos en Río de Janeiro se han multiplicado. El blanco suele ser casi siempre el mismo: móviles de última generación. Los robos de celulares han subido un 49,3% en el último año, a un ritmo de 1.100 por mes.

ATRAPAR A LOS DELINCUENTES

Ante esta situación de emergencia, la respuesta del Gobierno local ha sido contundente: caza al menor, independientemente de si haya cometido o no un crimen. Hace una semana, 700 policías militares y 300 guardias municipales participaron en una macro-operación para patrullar varias líneas de autobús. Su objetivo: menores no acompañados por adultos y sin dinero para pagar el billete.

El lunes 28 de septiembre al menos 26 menores permanecían retenidos en las comisarías, sin que sus padres hubiesen aparecido para recogerlos. Unos 22 de ellos tienen menos de 12 años.

La madre de uno de los menores arrestados admitía a la prensa brasileña que había reconocido a su hijo por las imágenes emitidas en la TV. “No le veo desde hace un mes. Tiene 14 años. Le reconocí por la bermuda y los calzoncillos que le regalé. No sé dónde está mi hijo, pero él sabe que si vuelve a casa, tendrá bronca (problemas)”, asegura esta mujer.

LOS “JUSTICIEROS”

Mientras las redes sociales ardían de mensajes de odio contra estos ladrones “en pañales” y de apoyo a los policías, el párroco de la iglesia de la Resurrección, optaba por una medida extrema: vestir a los niños de la favela de Cantagalo, cercana a la playa, con camisetas amarillas. El domingo se celebraba la fiesta de San Cosme y Damián, en la que los niños tradicionalmente corren detrás de los dulces.

El cura José Roberto Devellar decidió usar estas prendas de un color llamativo para evitar que sus jóvenes feligreses fuesen confundidos con los atracadores y que recibiesen una paliza de los llamados “justicieros”, grupos de ciudadanos exasperados que se organizan por WhatsApp para hacer justicia con sus propias manos. “Con esta ola de violencia que estamos viviendo, ha sido una medida muy acertada”, comentaba Márcia, madre de cuatro niños y moradora de esta comunidad. “Pero lamentablemente está basada en un prejuicio. Tengo un hijo de 17 años que es constantemente parado por la policía cada vez que sale de la favela”, se quejaba.

Los justicieros son un fenómeno tristemente conocido en todo Brasil. Todavía reciente en la memoria colectiva está la imagen de un adolescente amarrado a un palo de la luz con una cadena para bicicleta en el cuello. Ocurrió en febrero de 2014. Fue una fotografía que sacudió la conciencia colectiva de un país que prohibió tarde y mal la esclavitud, en 1888.

Categoría: América Latina | Claves: Brasil