Los más discriminados de la India no pueden huir de los retretes ajenos

Todos los días, con la salida del sol, Arti Kumari se arma con un cesto de mimbre y una paleta y recorre una treintena de casas en busca de los excrementos depositados por sus vecinos de casta superior, a los que la religión prohíbe cualquier actividad "sucia".

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Fotografía tomada el pasado 28 de abril en el pueblo de Radhna, en el norte de la India, de la joven Arti Kumari, de 17 años, que lleva la última década inmersa en el trabajo recolectar cada mañana las heces ajenas de retretes sin desagüe. Crédito: Atul Vohra / EFE

(Radhna, India. EFE) – La comunidad más discriminada dentro del nivel más bajo del sistema de castas hindú está condenada a recolectar cada mañana las heces ajenas de retretes sin desagüe, una práctica milenaria que les ha llevado a creer que es lo único que pueden hacer a pesar de que esté incluso prohibida por ley.

Todos los días, con la salida del sol, Arti Kumari se arma con un cesto de mimbre y una paleta y recorre una treintena de casas en busca de los excrementos depositados por sus vecinos de casta superior, a los que la religión prohíbe cualquier actividad “sucia”.

Arti, de 17 años, pertenece a la comunidad malviki, lo que en la rígida sociedad hindú significa que tanto ella como el resto de sus familiares están obligados a recoger manualmente las heces de los demás para subsistir.

“¿Pero qué podemos hacer? No podemos dejarlo, es nuestro trabajo y tenemos que hacerlo. ¿Cómo sobreviviríamos entonces?”, relató a Efe la joven desde el barrio destinado a los de su comunidad situado a las afueras del pueblo de Radhna, en el norte de la India.

PROHIBIDO POR LA LEY

Arti explicó que en cada casa le entregan unos 20 kilos de harina al año, unos míseros beneficios que han ido disminuyendo además debido a la sucesiva modernización de los retretes, lamentó la joven, que lleva una década portando heces en un cesto sobre su cabeza.

Uno de los principales activistas en la India contra la recogida manual de heces, Bezwada Wilson, indicó a Efe que las autoridades del gigante asiático se han preocupado más por la modernización de los retretes que en rehabilitar a esos trabajadores marginados.

Wilson lidera el Movimiento de los Limpiadores (SKA, por sus siglas en hindi) entre cuyos mayores logros está el haber impulsado la aprobación en el Parlamento en 2013 de una ley que obliga a rehabilitar a los miembros de esa comunidad, norma que se sumaba a otra de 1993 que prohibía la contratación de recolectores de heces.

“Tenemos que redactar la ley, presionar y entonces aprueban la ley, y luego tenemos que seguir presionando para que la implementen. Es una lucha continua“, señaló Wilson, que en un acto de rebeldía decidió romper con un oficio que habían practicado sus padres.

IMPUESTO POR EL SISTEMA DE CASTAS

Para Wilson la revelación llegó al conocer las palabras del líder de los intocables y padre de la Constitución india, B.R. Ambedkar, del que se celebran estos días el 125 aniversario de su nacimiento, que declaró que quien recoge heces lo hace no porque sea pobre o analfabeto, sino porque se lo ha impuesto el sistema de castas.

Por eso, remarcó el activista, uno de los principales retos para aquellos que intentan poner fin a esta lacra es lograr cambiar la mentalidad de esos trabajadores, hacerles ver que pueden dedicarse a otro tipo de actividad.

El haber conseguido dar ese paso, a pesar muchas veces de las amenazas de los empleadores, es uno de los motivos por el que en apenas tres décadas se ha pasado en la India de 6 millones de recolectores de heces a unos 300.000, según datos no oficiales recopilados por organizaciones como SKA, puntualizó Wilson.

AUTOESTIMA

“La autoestima es la clave”, confirmó el investigador Rajendra K. Gupta, que trabaja en el Ministerio de Justicia Social indio en programas de apoyo a los recolectores de heces, a través de los cuales se les proporciona formación y ayudas económicas.

Según Gupta, la mayoría no abandona por sí mismo porque “tienen miedo al cambio y piensan que fracasarán, ya que el otro es un trabajo tradicional que lo habían hecho siempre y no precisaba cualificación”, remarcó.

Una sensación de inferioridad que en los más ancianos está grabada a cincel.

Como Prakashi Kumari, de 65 años, quien asegura que ya no tiene tiempo para buscar una alternativa a un trabajo al que sigue dedicándose a trompicones, a pesar de que las piernas ya no le responden como antes y del continuo menosprecio de sus empleadores.

“Después de limpiar, cuando nos acercamos (a los dueños de la casa), nos ponen caras raras, no nos dejan estar cerca. Para ellos somos seres sucios, así que hacemos nuestro trabajo y nos vamos”, concluyó Prakashi.




Categoría: Mundo | Claves: Asia India