Los puntos de la discordia entre Venezuela y Colombia

Esta semana se establecieron mesas de discusión para aclarar temas cruciales como el corredor humanitario -para estudiantes y enfermos-, la recuperación de enseres, y la división de familias.

Los puntos de la discordia entre Venezuela y ColombiaCrédito: Carlos Eduardo Ramirez / Reuters.
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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)– Víctor Bautista, asesor del Plan Fronteras para la Prosperidad, asegura que desde que se inició la emergencia fronteriza entre Venezuela y Colombia, la Cancillería colombiana trató de entender por qué cuando se hacían las estadísticas de las familias en las carpas, sospechando que eran numerosas, no se encontraran 5 o 6 personas, sino que el promedio daba 2,7 personas por carpa.

De acuerdo con el diario La Opinión, la Cancillería ha reunido 55 menores con sus progenitores, mientras el gobierno de Nicolás Maduro ha dicho que hay cero casos de división de los hogares por las deportaciones.

“Descubrimos madres con hasta nueve hijos que no los sacaron por el rumor de que el Estado venezolano se los podía quitar”, advirtió Bautista. Según revela, a otros se les ha complicado el contacto, porque dejaron a sus hijos al cuidado de vecinos y otros familiares.

Esta semana se establecieron tres mesas para aclarar este y otros temas cruciales como el corredor humanitario -para estudiantes y enfermos-, y la recuperación de enseres.

El diario colombiano expone que el gobernador del estado Táchira, José Vielma Mora, insiste en que 4.500 niños colombianos cursan su año escolar en su país, pero esta semana solo se subieron 13 a la ruta. Por otra parte, Cúcuta ha recibido 431 pacientes venezolanos desde el cierre.

Si bien esta semana se abrió un nuevo corredor humanitario que permite el paso de los buses colombianos hacia San Antonio del Táchira para recoger a los niños en la Plaza Confraternidad, de los 1.070 estudiantes que estudian en Villa del Rosario, 260 siguen sin asistir a clases. Sin embargo, se evidencia un incremento de estudiantes, porque “el corredor genera más tranquilidad a los padres”, deduce la secretaria de Educación departamental, Luddy Páez.

En materia de salud, refiere Bautista, no solo se garantiza la protección de los venezolanos, sino que se avaló que éstos compren los medicamentos en Cúcuta y retornen con ellos sin inconveniente, dada la escasez de medicinas en Venezuela.

“No podemos afectar la salud de nadie, provenga de donde provenga”, dice el asesor de la Cancillería, a pesar de que todavía no se sabe cuánto cuesta la atención de dichos pacientes, generalmente crónicos.

El último reporte del Instituto Departamental de Salud calculaba 18 mil millones de pesos que les costarían los enfermos venezolanos a la región durante el 2015.

Para el gobernador de Norte de Santander, Édgar Díaz, la emergencia podría resolverse mañana con la reunión entre los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro, pero enfatizó que la prioridad no es solo la apertura de los puentes: “Lo importante es el respeto a las familias, a las mujeres y los niños”.

“Me parece que se está manejando un discurso para dar a entender que no ha pasado nada, cuando hemos evidenciado y mostrado la realidad, de todas las personas que hoy son vulnerables y cuyo esfuerzo por lograr un nuevo horizonte quedó en nada”, expuso.

REENCUENTRO

Crédito: La Opinión.

Neidy Caro es una de las madres que duró 26 días sin ver a su hija de nueve años. Fue deportada el 22 de agosto y solo hasta el viernes 18 de septiembre volvió a abrazar a su pequeña, en el puente internacional Simón Bolívar.

Con ayuda de la Cancillería y el Icbf tramitó la reunificación; pidió a su expareja que le permitiera trasladar a su hija, y finalmente lo logró.

“Ella me decía que quería que yo me devolviera, y le explicaba que no se podía, pero estoy segura de que vamos a salir adelante”, dijo sonriente mientras firmaba el acta en el que se verifica que Jenny está en buenas condiciones.

LA DEPORTACIÓN

“Un grupo de hombres de negro, que no supe de dónde eran, revisaron la casa. Al otro día llegaron los de la Guardia y como no teníamos mercancía ni nada que ocultar, no impedimos que pasaran a mirar”, contó Neidy.

Le pidieron que acompañara a los uniformados alegando que solo se trataba de una verificación de antecedentes: “Yo iba hasta en cholas y pregunté si era larga la revisión para cambiarme los zapatos, pero dijeron que no”.

Luego, le solicitaron junto a otras personas que pusieran firma y huella en unos papeles, ante lo cual ella dudó de que se tratara de un procedimiento de rutina.

“Ahí nos dio todo el día, hasta las ocho de la noche y, de un momento a otro, terminamos deportados”, relató a La Opinión.

Categoría: Venezuela