Los terribles relatos de españoles presos en el extranjero

"Dormíamos en el suelo, sin colchones, unas pegadas a otras, cada una con un trozo de manta lleno de pulgas y chinches".

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

El hacinamiento es una constante en las cárceles más peligrosas y violentas del mundo. Crédito: ABC

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- En unas condiciones extremadamente duras, donde el hacinamiento y la falta de alimentos y medicinas son norma, viven presos españoles que cumplen condena en el extranjero. En las cárceles asiáticas muchos de ellos tienen que compartir el mismo espacio físico con enfermos de tuberculosis, lepra o malaria.

Según una nota de ABC, tal es el caso de Nieves García, una albaceteña de 56 años que lleva cinco años recluida en la cárcel de mujeres Lard Yao, en Bangkok. “Duerme en una celda con otras 235 reclusas, siempre de lado, en la misma posición. Le duelen tanto los huesos, por la postura y la humedad, que sus compañeras ya tienen que ayudarle cada día a ponerse de pie o tumbarse. Se le está cayendo el pelo y los dientes por alimentarse solo a base de arroz”, relató a ABC su hija mayor, Mónica.

Mónica y Rocío, su otra hija, se comunican con ella por carta. “La vemos mal, física y anímicamente. Hace dos años nos dijo que quería hacer testamento; cree que morirá allí”.

El calvario que está viviendo Nieves en la cárcel tailandesa lo conoce en primera persona Laura, nombre ficticio de una española que llegó en 2006 de la cárcel de Goa (India). Entró en ella con 35 años y 62 kilos. Después de un juicio que la declaró no culpable por falta de pruebas, salía del país tres años y medio después con 46 kilos, hepatitis y un cáncer de colon.

“El agua no era potable, salía marrón; y yo la colaba con trozos de tela. Cuando estaba con la menstruación utilizaba camisetas rotas… Las ratas y los escorpiones campaban a sus anchas por la estancia. Dormíamos en el suelo, sin colchones, unas pegadas a otras, cada una con un trozo de manta lleno de pulgas y chinches. Ví cómo se me caían las uñas de los pies, los dientes y el pelo, pero no me dolía nada. Solo el alma”, dice la exreclusa.

Categoría: Mundo