Maduro acude a los militares ante el “desencanto con el Psuv”

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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)- El periodista y analista político, Miguel Salazar, publicó en su semanario Las Verdades de Miguel, los comentarios de la semana donde dio a conocer que los dirigentes oficialistas mantienen su posición de convertirse en efectivos castrenses ante las arremetidas opositoras.

Salazar también agregó que similar a otros regímenes el presidente, Nicolás Maduro, ha optado con acudir a los militares ante algunos descontentos con los dirigentes del Partido Socialista de Venezuela (Psuv).

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Mis comentarios de la semana. La subordinación del Gobierno civil al mando militar, bajo el pretexto del estado de excepción, sin duda es la vía para blindarse ante la arremetida opositora que está por desencadenarse. Los generales aceptan la tarea, sobre todo porque, por ahora, no tienen la necesidad de anunciar el derrocamiento del Gobierno. Chávez depositó su confianza en sus compañeros de cuartel y les otorgó plena beligerancia en política. De esa manera los comprometió a futuro apartándolos de la senda golpista. Hoy por hoy, los militares están convencidos de que son ellos y no el proletariado la vanguardia de este proceso; sin embargo, esa motivación no aparece tratada ninguna teoría política vigente, lo que los hace convertirse en un caso atípico. Nunca entendí la manía de los dirigentes civiles revolucionarios de disfrazarse de militares, quizás el argumento aquel de que el poder nace del fusil sea una base de sustentación válida para entender esa conducta. Está a la vista que a partir del arribo de Stalin los procesos revolucionarios se dejaron seducir por la figura castrense; no en vano el dictador soviético se autoproclamó mariscal; también Fidel Castro y Daniel Ortega se dieron el grado de comandantes y terminaron uniformados, otro, como Raúl Castro se convirtió en general tal como lo hicieron los jefes de las montoneras. La excepción de la regla fueron Lenin, Mao, Ho Chi Minh y Allende; ellos prefirieron preservar su condición de líderes civiles. No así en la revolución venezolana donde desde el inicio del proceso bolivariano es común ver al Presidente civil trajeado de verde; no en balde este proceso comienza con un militar retirado, que una vez en el poder volvió a uniformarse y le dio más importancia a su condición de comandante en jefe que a la de Presidente en ejercicio. Antes está el antecedente de Juan Velasco Alvarado en Perú, quien tuvo que retirarse obligado por una diabetes “magnicida” y fue sustituido por un camarada de armas. Para sorpresa de muchos, tras “enfermarse” Chávez designó a un civil como el sucesor; sin embargo, nunca como ahora (ni siquiera en su tiempo) estuvieron tantos militares influyentes en el Gobierno; por ello, la relevancia de Padrino López como figura prominente en el Gobierno, puede interpretarse como la base donde se sustenta el mando civil para evitar su derrocamiento, desechando el apoyo popular que es donde un Gobierno revolucionario debe sentirse seguro. Hace un tiempo atrás dije que la actual administración se me parecía mucho a la de Rómulo Gallegos (1947-48). En aquel entonces, el escritor Presidente, un tanto abandonado por Betancourt y con AD convertida en una agrupación de mandos anárquicos, optó por apoyarse en los militares, sobresaliendo entre ellos Carlos Delgado Chalbaud. Lo demás es historia conocida; Chalbaud terminó sacando a Gallegos de Miraflores. Como en la AD de aquel entonces, hoy en el PSUV reina el desencanto y el jefe de Estado no cuenta con su benefactor vivo y por eso acude a los militares. Desde ya aparecen quienes como Rafael Poleo, tal cuales como el propio cortesano le pasan la mano al general, ese en quien aspiran a ver el gendarme necesario con el que siempre han soñado; como Poleo son muchos los intrigantes de pasillos que nunca han dejado de ser sepultureros con humor negro. Particularmente nunca he sido antimilitarista, pero, podríamos estar corriendo el riesgo más grande que ha experimentado Venezuela en su desdichada vida republicana.




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