Marco Rubio no es un héroe en Cuba y se siente conforme con eso, según el NYT

Marco Rubio se ha identificado como un político que hace resistencia al gobierno comunista de Fidel Castro, y en eso ha fundado su identidad política.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium). En un exuberante paisaje lleno de barrios, donde la familia del senador Marco Rubio cortaba caña de azúcar y trabajaba en las fábricas de tabaco para darle una mejor vida a sus hijos, el primer cubano-americano es el hijo menos predilecto de la isla para convertirse en presidente de Estados Unidos, de acuerdo con The New York Times.

“Si Marco Rubio se convierte en presidente, estamos perdidos”, dijo Héctor Montiel, de 66 años, ofreciendo una vigorosa seña con el pulgar hacia abajo mientras se sentaba en la calle de La Habana donde el padre de Rubio creció. “Está en contra de Cuba en todas las formas posibles. Hillary Clinton entiende mucho más el caso de Cuba. Rubio y esos republicanos todavía están atrapados en 1959”, sostuvo.

Marco Rubio se ha identificado como un político que hace resistencia al gobierno comunista de Fidel Castro y en eso ha fundado su identidad política. El republicano de Florida, que ha sido identificado en los periódicos controlados por el Estado como un “representante de la mafia terrorista cubano-estadounidense en el Senado”, ha argumentado durante años que la normalización de relaciones con Estados Unidos sólo fortalecería a un gobierno cubano opresivo que empobrece a su gente, limita el acceso a la información y viola los Derechos Humanos.

Esta postura no cambió en los meses previos al anuncio de la reapertura de embajadas en Cuba y EE UU, un paso fundamental para poner fin a un embargo devastador de medio siglo.

Según el medio estadounidense, como Rubio ha intensificado su oposición, los cubanos han comenzado a verlo como el más prominente de los verdugos estadounidenses.

“Él quiere matarnos!”, dijo Alain Marcelo, de 46 años. “Él es nuestro enemigo!”, sentenció.

En una entrevista, Rubio señaló que el objeto de estos ataques era triste, ya que el gobierno cubano había creado la impresión de que él quería “matar de hambre al pueblo cubano”. Para el senador republicano, la “demonización” es única prueba del “bloqueo de información al que la gente de Cuba se enfrenta” y una justificación adicional para su oposición a la apertura del presidente Barack Obama al gobierno de Raúl Castro.

‘Me alegro de que nos ven como una amenaza… deberían’, afirmó Rubio.

Agregó que tenía sentido que el gobierno de Castro siguiera de cerca a un candidato presidencial cuya elección no sería bien acogido. “Si esa es la línea que el gobierno cubano ha tomado contra mí y está tratando de adoctrinar a su gente de esa manera, muestra que estamos en lo cierto”, dijo.

Rubio nunca ha estado en Cuba, pero ésta ha cola isla ha cobrado mucha importancia en su vida personal y profesional, a veces exageradamente. Cuando ascendió en la política de la Florida, a menudo le dijo a la audiencia que él era “hijo de exiliados”, que dejó una isla gobernada por un “matón”: Fidel Castro. Pero en 2011, el Washington Post informó que los padres y el abuelo del senador había llegado a los Estados Unidos en 1956 antes de la revolución de Castro, quien tomó el poder en 1959, y habían regresado en los siguientes meses sólo de visita. Sin embargo, la revelación ha hecho poco para disminuir la estatura de Rubio como voz líder de su partido en Cuba.

EL RECUERDO DE LOS CUBANOS SOBRE LOS RUBIO

La madre de Marco Rubio conoció a su marido, Mario Rubio, en una tienda, era el guardia de seguridad del local.

Hoy, la fábrica está abandonada. La calle está llena de vendedores de frutas, santeros vestidos de blanco y niños jugando bajo la sombra de edificios deteriorados y un dosel de cables telefónicos.

Antiguos habitantes de la calle vagamente recuerdan a una familia Rubio que una vez vivió allí. Otros, como el señor Montiel, sólo tienen opiniones sobre su hijo: “Rubio es el que vive en el siglo pasado”.

Al respecto, el senador republicano argumenta que muchas personas en Cuba tiene miedo a pronunciar otra cosa que contradiga la línea del partido oficial, y que esto es de esperarse en un país dominado por los medios de comunicación controlados por el Gobierno.

“Ellos no tienen ningún acceso a los métodos alternativos de comunicación, no reciben mis notas de prensa”, dijo. “¿No es una coincidencia que cada persona tenga la misma opinión?”, cuestionó.