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Pedro Sánchez enarbola la bandera de la moderación en busca de hueco político para el PSOE

Sánchez y su equipo buscan recuperar la imagen de partido nacional.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo). Igual que el medio es el mensaje, que diría McLuhan, la escenificación con la que ayer Pedro Sánchez se presentó como candidato oficial del PSOE a La Moncloa fue toda una declaración de intenciones. El dirigente socialista pronunció un mitin con traje y corbata ante una inmensa bandera de España. Esta reivindicación de la enseña nacional en un acto de partido como éste es un hecho insólito en el PSOE con el que Sánchez y su equipo buscan recuperar la imagen de partido nacional, moderado y orgulloso de los valores constitucionales que en estas décadas de democracia han permitido a los socialistas gobernar España más legislaturas que a ninguna otra formación.

Sánchez realizó una sólida intervención, impulsado por un liderazgo que hoy nadie cuestiona en el PSOE, a pesar de que hace apenas unas semanas varios barones, incluida Susana Díaz, aspiraban a moverle la silla. Cabe reconocerle el mérito de haberse consolidado en unas condiciones realmente complejas, hasta el punto de que finalmente no ha tenido rivales en unas primarias. Su discurso y sus formas están orientados a mostrarse como un dirigente alejado de los populismos y con capacidad para gobernar. Consciente de que Podemos ha arrebatado a los socialistas el espacio a la izquierda y de que la mayoría sociológica del país no comulga con ideas extremistas de ningún tipo, es evidente el esfuerzo de Sánchez para potenciar una imagen de hombre de Estado.

Bien está, sin duda, que la centralidad sea hoy la idea fuerza sobre la que pivota el PSOE. Sin embargo, decisiones como las políticas de pactos que les han llevado, por ejemplo, a gobernar en la Comunidad Valenciana junto a un partido ultraizquierdista como Compromís representan una clara contradicción con el mensaje de moderación. Otro tanto ocurre con la lucha contra la corrupción, convertida en otra de las banderas del líder socialista. Porque aunque él y su equipo estén fuera de toda sospecha, casos tan graves como el de los ERE en Andalucía, por el que los socialistas siguen sin asumir responsabilidades, son una mancha demasiado grande. Sánchez podría haber aprovechado ayer para exigir a Chaves el abandono de su escaño y con ello hubiera ganado la credibilidad que no dan discursos retóricos sobre la tolerancia cero respecto a la corrupción a la que nos tienen acostumbrados formaciones como el PSOE o el PP.

A punto de cumplir un año como secretario general y ya sin obstáculos de partido en su carrera hacia La Moncloa, lo que cabe exigir a Sánchez es que pase de las declaraciones de principios a los hechos concretos. En lo económico, no basta con que reivindique sin cesar el ideario socialdemócrata; es imprescindible que presente un programa con sus planes y propuestas para combatir el desempleo -la herencia de Zapatero en esta materia es otro de los grandes lastres del partido- o en materia impositiva. El federalismo que los socialistas plantean como ‘bálsamo de fierabrás’ ante el reto independentista en Cataluña también resulta una receta demasiado vaga para contrarrestar uno de los mayores desafíos que enfrenta el Estado. Con todo, sería una magnífica noticia que el PSOE empezara a abrazar sin complejos los símbolos nacionales comunes, el legado constitucional -más allá de que la Carta Magna necesite algunas reformas- y la moderación frente a la radicalidad de esos partidos con los que se disputa el espectro político.

Categoría: Opinión | Claves: Psoe