Perdón, dignidad, sacrificio y rechazo: las escalas del Papa en Colombia

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(Bogotá, Colombia. EFE).- Desde cuatro puntos de Colombia, el papa Francisco le hablará al mundo, y en especial al continente americano, de perdón y reconciliación después de la guerra, servicio sacerdotal, dignidad y derechos humanos.

RECONCILIACIÓN

A unos 70 km de Bogotá, en la ciudad de Villavicencio, Francisco encabezará el acto más relevante dentro de su viaje de cinco días.

Azotada por la violencia guerrillera y paramilitar, en esta región encabezará una misa y un encuentro de oración para reconciliar a un país que durante medio siglo ha vivido un cruento conflicto armado. Al acto asistirán víctimas y verdugos arrepentidos.

Ana Clemencia Rodríguez recibe la visita como un bálsamo para el dolor que le causaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que en noviembre firmaron un histórico acuerdo de paz.

Dos veces desplazada por los rebeldes, a quienes denunció por reclutar menores en los municipios de Puerto Lleras y Acacías, cercanos a Villavicencio, la guerra le dejó otra huella: en 2001 fue violada en retaliación por sus acusaciones.

“Si yo me hubiera quedado callada y no hubiera denunciado, no me hubiera pasado nada, pero la obligación del ser humano es protegernos” entre nosotros, dijo a la AFP.

El enfrentamiento entre guerrillas, paramilitares y fuerzas del Estado deja 7,5 millones de víctimas entre muertos, desaparecidos y desplazados.

OLOR A OVEJA

Antes de que Francisco pidiera sacerdotes con “olor a oveja”, en contacto con las periferias como hacía él en su juventud, al padre Juan Carlos Velásquez ya se le veía más en las calles que en los templos de Medellín.

Cabello largo, panza de cuarentón y lenguaje de barrio, Velásquez concentra su labor pastoral en los “combos”: pandillas juveniles que se disputan barrios de la que fuera la capital mundial del narcotráfico.

Velásquez les ofrece a esos “muchachos una alternativa de vida”.

“Me he identificado con el discurso del hombre, desde hace más de 16 años lo que he hecho es untarme de gente”, afirma. Francisco es el hombre al que se refiere el cura que “escuchan en el bajo mundo de Medellín”, como lo llamó la prensa.

En la calle, Velásquez conoció a “Orejas”, un joven de 23 años, con esposa y dos hijos a quien venía ayudando a cambiar de vida. En 2013 lo mataron por pasar la “frontera” impuesta por otro combo.

El dolor y la frustración lo alterna ahora con la esperanza que le genera los 47 universitarios que hay en su parroquia. “Hace cinco años solo teníamos tres”, recuerda.

DIGNIDAD

Hubo una época en que Lorenza Pérez no tenía con qué alimentar a sus tres hijos, y debía repartir para todos un refresco y un pan en la cena. Entonces, vivía en un barriada de invasión que prácticamente era un botadero adonde llegaban los desechos de los mercados de Cartagena.

De ese tiempo Pérez recuerda las moscas, y el trabajó que pasó lavando ropa o vendiendo fruta, para que su familia cambiara de menú.

Cincuenta años después, Pérez atiende un comedor comunitario con la ayuda de la Iglesia católica, destinado especialmente a niños y embarazadas.

“El que tiene colabora con 300 pesos (diez centavos de dólar), el que no igual va a almorzar”, dice a la AFP.

Pérez es la líder negra de San Francisco, el único barrio pobre que visitará el papa. Aunque ya no es una invasión, San Francisco sigue siendo una zona castigada por pandillas juveniles, microtráfico de droga y embarazos precoces.

Esta mujer, que habla de las “necesidades de mi comunidad” como si fueran propias, oye a diario el ruido de los aviones del vecino aeropuerto internacional de Cartagena, la joya turística del Caribe colombiano. A sus 77 años nunca se ha embarcado en un vuelo y cree que a Francisco sí le gustan los pobres.

“NON GRATA”

Los buses del sistema de transporte masivo de Bogotá llevan un mensaje de bienvenida a Francisco, pero no todos lo reciben con aplausos.

En la ciudad donde Francisco hablará a los jóvenes, grupos católicos ortodoxos consideran su visita como “non grata”.

Estos sectores ven al pontífice como la cabeza de una corriente reformista dentro de la Iglesia que, afirman, contradice los evangelios y la autoridad de Jesucristo. Por ello lo tildan de marxista, masón y hasta falso profeta.

“Es un populista de la fe, quiere darle contentillo a todo el mundo”, dice el catedrático y exaspirante presidencial José Galat, de 89 años, quien desde un canal de televisión lanza duras arengas contra quien se refiere apenas como Jorge Mario Bergoglio.

Aunque son minoría, los “ultra” ejercen influencia política y mediática mientras cada vez son más fuertes las iglesias protestantes que defienden una agenda conservadora.




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