Poleo analiza la actitud de Maduro ante el 6D

Rafael Poleo afirmó que el jefe de Estado venezolano "solo conoce el curso elemental" de Política.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Rafael Poleo. Crédito: Diario de Caracas / Archivo

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El periodista venezolano Rafael Poleo, exiliado en Estados Unidos, escribió en su acostumbrada columna “Corto y Profundo” un breve análisis sobre la actitud del presidente Nicolás Maduro ante las elecciones parlamentarias de este domingo.

Poleo consideró que si se cunple la “amenaza” de Maduro de “lanzarse” a la calle si el chavismo pierde los comicios , se facilitaría el objetivo de los “grandes poderes de Occidente para restablecer el orden democrático en Venezuela”.

“La amenaza de incendiar la calle si pierde las elecciones de mañana la vemos como parte de la estrategia de amedrentamiento que desde su nacimiento ha usado el chavismo. Hasta las elecciones anteriores le había funcionado, pero hoy sería casi suicida. Es evidente la confabulación –prefiero llamarla concertación- de los grandes poderes de Occidente para restablecer el orden democrático en Venezuela. El incendio que Maduro promete facilitaría esa tarea que de todos modos habrá de realizarse. En pocos días lo consumiría a él y a buena parte del PSUV, y nos pondría a todos en manos de los bomberos internacionales”, dijo.

En tal sentido, afirmó que el jefe de Estado “solo conoce el curso elemental” de Política, por lo que no vería que ésta “se inventó para eso, para resolver los problemas de poder entre los hombres sin necesidad de quemar la casa“.

A continuación, el texto completo de la columna de Rafael Poleo:

CORTO Y PROFUNDO

Un incendio muy personal

5 de diciembre, 2015 \ Rafael Poleo

Forzado por un cuadro político al cual potencian ciertas circunstancias que sería indelicado comentar, el presidente Maduro ha convertido las elecciones parlamentarias de mañana en un evento decisivo para su propia supervivencia como líder del PSUV. Su inmersión en la campaña ha logrado que la polarización no sea entre el PSUV y la MUD, sino entre quienes están con el gobierno de Maduro y quienes lo condenan. De un lado quienes a la situación actual la defienden como un eficaz modelo revolucionario y del otro quienes quieren un país sin colas, atracos y escándalos de corrupción.

¿Tenía Maduro necesidad de jugar una carta a tal punto arriesgada? La respuesta requiere un análisis de la situación interna del régimen, donde hay tendencias e intereses que coincidieron en 1998 bajo el mando de Hugo Chávez pero en 2016 ya les cuesta hacerlo bajo el mando de Nicolás Maduro. Para Maduro, lo bueno es que, ganador o perdedor, aparece como el jefe del movimiento revolucionario, y lo malo es que si mañana el PSUV tiene menos votos que la MUD –el número de bancas es una cuenta distinta-, con razón o sin ella a Maduro lo señalarán como culpable de haber convertido al chavismo en un movimiento minoritario.

Se puede abocetar el escenario postelectoral. Debe tenerse en cuenta que una vez establecida la correlación de fuerzas en la Asamblea Nacional venezolana, Raúl Castro, principal soporte de Maduro, reiniciará las negociaciones con Europa y los Estados Unidos para reinsertar a Cubazuela en el Hemisferio Occidental –en estas negociaciones el botín es Venezuela, cuya apertura es ansiosamente esperada como ayuda para reactivar la economía global, hoy sometida a una recesión de baja intensidad para la cual no se presentan soluciones reales.

La amenaza de incendiar la calle si pierde las elecciones de mañana la vemos como parte de la estrategia de amedrentamiento que desde su nacimiento ha usado el chavismo. Hasta las elecciones anteriores le había funcionado, pero hoy sería casi suicida. Es evidente la confabulación –prefiero llamarla concertación- de los grandes poderes de Occidente para restablecer el orden democrático en Venezuela. El incendio que Maduro promete facilitaría esa tarea que de todos modos habrá de realizarse. En pocos días lo consumiría a él y a buena parte del PSUV, y nos pondría a todos en manos de los bomberos internacionales que reconstruirían un escenario político diametralmente distinto del actual, más acorde con sus necesidades que con las nuestras. A Hugo Chávez, en conversaciones personales y también en estas notas públicas, solía decirle que el capítulo final de la revolución sería la pérdida de la soberanía. Junto con abreviarse el propio tránsito, Maduro estaría facilitando el cumplimiento de mi pesimista vaticinio.

Se entiende que el señor Maduro, frente a un 2016 que será mucho peor que el 2015 en cuanto a abastecimiento se refiere, y encima angustiado por la suerte de familiares suyos que hoy están en rehenes, hasta se le desmande a Castro, quien aconseja una conducta moderada. Pero su anunciado milagro de “los panes y los penes” y la liberación de esos rehenes no la conseguirá prendiendo la hoguera que habría de consumir a la familia toda. Existe la Política, que justamente se inventó para eso, para resolver los problemas de poder entre los hombres sin necesidad de quemar la casa. Quizás el problema sea que él de eso, de Política, sólo conoce el curso elemental. Pero Raúl sí se ha leído el libro todo. Y tiene prisa en arreglar las cosas, la prisa de quien no tiene con qué comer mañana.