Retrato del cambio político en una cuadra de Caracas

Criticar al chavismo era un problema por esas calles en años anteriores, pero la confrontación política entre ciudadanos ha bajado y hoy conviven las casas con murales de Chávez y las que ondean desde la ventana banderas de partidos opositores.

Retrato del cambio político en una cuadra de CaracasCrédito: Rodrigo Abd / AP Photo / Archivo
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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Petare, en pleno Distrito Metropolitano de Caracas, es la barriada más poblada de América Latina y la calle San Miguel, la muestra diminuta de que Venezuela ya no se divide solo entre chavistas y anti chavistas.

Así lo aseguró Catalina Lobo-Guerrero en un trabajo publicado en El País, en el cual se asegura que las preferencias políticas en esta zona son tan fluídas como la gama de colores en las fachadas de las casas.

Donde empieza la calle, Nelly Larco, militante del partido opositor Primero Justicia, se reúne con un grupo de 10 jóvenes que irán con ellos a volantear —repartir propaganda— y a enseñarle a los vecinos cómo votar por su partido en las elecciones del 6 de diciembre. “Abajo, a la izquierda, en la esquina, la de la manito”, es lo que repiten los jóvenes, enseñando donde está ubicada la casilla de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que aglomera todos los partidos de la oposición, y que se ha convertido ya en un cántico recurrente.

Los jóvenes se visten con las camisetas amarillas del partido y entregan las papeletas casa por casa. Hay un importante porcentaje del electorado que constituye una nueva categoría y que podría inclinar los resultados: los “chavistas no maduristas”.

Óscar Pacheco es uno de ellos. Se define como un obrero que siempre apoyó el “proceso revolucionario”. Lo era hasta hace unos meses, cuando pidió apoyo a la Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor del Gobierno para construir un baño adicional y una cocina. La Misión dijo que lo apoyaría, enviaron a una ingeniera, quien prometió entregarle materiales para la obra. Pero cada vez que Pacheco pregunta por los materiales le dicen que “no han bajado los recursos”.

Desde la casa de Pacheco se ve el Mercal, la red de distribución de alimentos subsidiados del Gobierno. “Las colas se hacen desde las seis de la tarde para comprar al día siguiente. ¿Tú crees que eso es justo?”, se queja Pacheco.

Por su parte, Ana de Fernández vive justo enfrente del Mercal. Se identifica como miembro fiel del tradicional partido de oposición Copei. En San Miguel había varios copeyanos, que usaban el color verde, y adecos (de Acción Democrática) de color blanco, que luego se volvieron rojos chavistas, dice Fernández. “La gente cambia como el tiempo”, comenta. Sus vecinas siguen siendo chavistas, pero cuenta que otros en el barrio ya no lo son.

Cuando no hay Mercal, la gente compra en dos pequeñas tiendas. Una de ella es de Joel Fernández, opositor, de mentalidad empresarial, antisocialista. “La gente está molesta”, dice y cree que habrá un voto de castigo. Unos metros más abajo, en la otra acera, está la de Luis Fernández, revolucionario y convencido de que el Gobierno tendrá mayoría en la Asamblea pese a la crisis. “La gente estaba acostumbrada a que le dieran todo. Cuando lo recortas, eres criticado”, dice.

Criticar al chavismo era un problema por esas calles en años anteriores, pero la confrontación política entre ciudadanos ha bajado y hoy conviven las casas con murales de Chávez y las que ondean desde la ventana la bandera amarilla.