“Sabe a gloria y no lo sabía”, una crónica sobre alimentos “desaparecidos”

La crónica de esta semana se basa en los recuerdos de los anelados alimentos que han desaparecidos del mercado y que al encontrarlo es como un tesoro.

“Sabe a gloria y no lo sabía”, una crónica sobre alimentos “desaparecidos”El ahelado café con leche. Crédito: Mariely Márquez/ Sumarium.
Publicada por: el marquezmarielyc@gmail.com @PeriodistaMarie

“¡Guao…! Sabe a gloria y antes no lo sabía”, fue el primer comentario de mi amiga y compañera de trabajo cuando tomó el café con leche que le di. Sus ojos brillaban y su sonrisa contagiaba, parecía una niña con juguete nuevo. Bueno yo también estaba feliz después de tanto tiempo sin encontrar leche en el supermercado y sin tener que hacer cola, finalmente me di el gusto cuando opté por comprársela a uno de los tantos comerciantes informales que hay en Petare, en Caracas.

Debo reconocer que yo estaba más emocionada que ella con ese café con leche, a pesar que que no era La Campiña, pero era la prima, La Campesina, yo estaba más “fiebrúa”, feliz y como se diría en mi tierra zuliana, “grillúa”.

Antes, en los supermercados se encontraba de todo y cualquier día de la semana, lo mejor era no hacer las kilométricas colas que actualmente se hacen en todos los abastos del país y contando en correr con suerte para conseguir lo que buscas cuando te toque tu turno.

DE LA LECHE A LAS CARAOTAS

Pabellón el plato que se quedó en las fotos.

Pero pasemos a otro plano: ¿Quién no recuerda y anhela el pabellón? Con esas caraotas que quizás las podíamos comer tanto hasta llegar al punto de aburrirlas, pero ahora en estos tiempos ese grano está completamente desaparecido de los anaqueles. Si de repente alguien te ofrece un plato de ellas te las querrás devorar, eso fue justo lo que hice cuando mi arrendador me dio una tacita de caraotas y no quería que se acabara. Me pareció el plato más delicioso que me había comido en toda mi vida, pero con unas cinco cucharaditas se terminó. Imagínense ya tenía como tres meses que no las comía.

Mi consuelo fue cuando le conté a mi amiga que había comido caraotas, pegó el grito: “¡Chama… caraotas! Yo estoy que muero por comerlas”.

No solo las caraotas están escasas, sino todo tipo de grano, los frijoles, las arvejas y las lentejas que con solo escribirlas me las imagino listas en el plato para comer, pero es una imaginación, un recuerdo, la realidad es que en lo que va de año ni las he visto en los supermercados, ni mi tía tiene. A ella nunca le faltaban los granos.

NI ARROZ, NI PASTA

Para comer arroz o pasta, antes se podía escoger la presentación y marca, actualmente no se encuentra de ningún tipo y cuando aparece en los anaqueles desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

Marcas de pastas desaparecidas del mercado: Primor, Mimesa, Capri y Ronco, esta última de vez en cuando aparece, así como algunas presentaciones importadas pero eso sí, costosísimas.

Mientras el arroz desapareció; Mary, Primor y demás marca. Simplemente no hay. A menos que desees pasar un día completo en los Abastos Bicentenarios dependiendo el terminal de número de cédula de identidad y logres comprar algún producto de la cesta básica.

Encontrar café no se queda muy atrás y bueno hay que tener conformidad con la marca, para los viciosos cualquiera actualmente es perfecta y en esta caso también me anoto, con tal de poder tomar un delicioso café que cuando se cuela el olor despierta a cualquiera.

Café Madrid ni la sombra, mientras Fama de América sí se puede conseguir en los Abastos Bicentenarios o en el comercio informal, esta última es una opción pero lo encontrarán más costoso.

ENLATADOS EN SUEÑO

Los enlatados se quedan en los anqueles ante los altos precios.

El atún en lata estuvo desaparecido un tiempo de los anaqueles al igual que la sardina y otros productos, pero la sorpresa fue cuando reapareció nuevamente, se volvía a quedar en los anaqueles.

En los pasillos de los supermercados solo se escuchaba: “¿Cuánto? No que va, esto se lo llevó quien lo trajo”. Las caras de asombro eran para fotografiar, pero la mía creo que estaba peor cuando inmediatamente por mi mente pasaba, se terminó la ensalada que tanto me gusta de lechuga con atún, aguacate y mayonesa. Actualmente la lata de Margarita de 184 gramos, supera los Bs. 600.

Mientras otros comentaban: “Bueno, comeremos arroz solo, porque ni con huevos”, puesto que el cartón está sobre los Bs. 1.000, sin embargo alguien más replicó: “Pero arroz tampoco hay en el mercado” y finalmente me pregunté: ¿Será que comeremos “piedras fritas” como dijo el gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez? Aunque serían sin freír porque el aceite vegetal, también está escaso y el de oliva supera los Bs. 3.000.

Las mesas de las familias venezolanas cada día están más limitadas, si no es porque algunos productos están desaparecidos, es porque lo poco que se encuentra está por las nubes. Los altos precios reducen las cantidades de los alimentos y en el peor de los casos dejar de comer lo más anhelado. Mientras la inflación se come un sueldo mínimo de Bs. 7.421,68 que no alcanza para nada.