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Santa Cristina todopoderosa

La Presidenta, con la campaña al hombro, se trajo ayer nuevas fotos con Francisco, trofeo de caza mayor.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Clarín). Cristina Kirchner estuvo cara a cara ayer por cuarta vez con Francisco en el Vaticano: son menos aún de las que junto a su marido le disparaban desplantes a repetición al cardenal Bergoglio, ese hombre entonces más delgado y de hablar áspero, que sermoneaba la avidez del poder, la corrupción, la política de vuelo bajo, el crecimiento de la pobreza y el atraso de la educación.

Los Kirchner siempre creyeron que hablaba de ellos. Como es lógico, aseguró que no se habló ni una palabra de las elecciones en el país. Como fuere, ese paisaje corresponde ya al pasado: cuando “el primer papa latinoamericano” recibió por primera vez a la Presidenta al poco tiempo de ser ungido en el Vaticano. Selló desde su nueva estatura espiritual la paz por las minúsculas querellas terrenas de una guerra que él no buscó ni declaró jamás. De aquella acusación de ser “el jefe de la oposición” pasó a recibir con santa paciencia lecciones de mate y luego a pedir que “cuiden a Cristina”. Es cierto: también se quejó de haber sido “usado por los políticos argentinos.”

La Presidenta, con la campaña al hombro, se trajo ayer nuevas fotos con Francisco, trofeo de caza mayor. En verdad, a la luz del protocolo, Cristina no es la guerrera política que azuza, agrede, chicanea, provoca y lleva a la oposición de las narices, como si fuesen políticos inexpertos perplejos ante sus osadías. Es todo eso, pero también es una jefa de Estado y por esa razón, susurran en los muros vaticanos, se ganó la audiencia papal en pleno jaleo en el país por el cierre de alianzas y listas. Eso hizo y hace Cristina: usar todo el poder del Estado para influir en el proceso electoral y advertirles a todos sus candidatos que ella es y seguirá siendo la única jefa del kirchnerismo, ocupe el lugar que ocupe luego del 10 de diciembre. Por eso lleva 22 cadenas nacionales en lo que va del año, ninguna de “trascendencia institucional”, salvo las del caso Nisman, que en verdad empleó para sembrar inquina contra la víctima. Un abuso institucional que repite con cierto deleite confrontativo, con una oposición de queja menor y en sordina.

Macri prefiere reposar en la asesoría de quienes practican por igual el “arte de ganar” como el de perder, por caso en Brasil con Marina Silva, a quien llevaron desde el liderazgo en las encuestas a un tercer lugar fuera de la pelea central. Son quienes siembran de obviedades sus oídos, en defensa de una presunta asepsia política, y pegan portazos al reclamo de Massa para una ampliación del espacio opositor a dirimir en las PASO. Cristina celebra y ríe: está en otra dimensión. No es candidata, pero todos saben que, en listas o fuera de ellas, simbólicamente lo es. Y ante esta oposición parece sobrarle paño. Si hasta va al Vaticano cada vez que se lo propone.

Categoría: Opinión