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¿Se encuentra Estados Unidos en decadencia como lo estuvo la Antigua Roma?

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

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¿A qué personaje de la Roma antigua se parece Donald Trump?

Los últimos años, Occidente ha visto el renacimiento de un inusitado interés por la Roma antigua: libros de historia, novelas, películas y hasta series de televisión se han producido para saciar esa sed.

Ese interés parece tener una explicación: las coincidencias que muchos encuentran entre sucesos contemporáneos y algunos que ocurrieron en la época de la República y el Imperio romanos.

Están, por ejemplo, el flujo masivo de inmigrantes que recibió Roma en diferentes períodos, pero también -y quizás sobre todo- la cuestión de si en la decadencia del Imperio romano se pueden observar signos de un supuesto declive de Estados Unidos, la “república imperial”, como la denominó el pensador francés Raymond Aron.

Tom Holland es uno de los más destacados representantes de la nueva generación de historiadores británicos.

Mezcla de académico, excelente narrador y viajero, Holland ha publicado dos elogiadas obras sobre la Roma antigua: “Rubicón, auge y caída de la República romana” y “Dynasty: the rise and fall of the house of Caesar” (aún sin traducir al español).

Con él hablamos sobre las semejanzas y diferencias de la época actual con la Roma antigua, el Imperio romano como arquetipo de la superpotencia y acerca de a qué personaje de esa era se parece Donald Trump.

Tom Holland ha publicado libros de historia en temas tan diversos como el imperio Persa, Roma y el Islam.

En los últimos años ha habido un gran interés por la Antigua Roma, tanto el período de la República como del Imperio. En parte eso se debe a que muchos observan semejanzas entre lo que ocurre hoy en Estados Unidos y ese período. Supongo que hay muchas diferencias, pero ¿cuáles son las semejanzas?

Esencialmente, las similitudes se derivan del hecho de que los “Padres Fundadores” de EE.UU. (quienes firmaron la declaración de independencia) eran muy conscientes de la historia de Roma.

Cuando establecieron la república, la modelaron en Roma. Es por eso es que hay un Capitolio y un Senado en Washington.

Sin embargo, también eran conscientes de los peligros que había en la historia de Roma, porque, por supuesto, finalmente la República colapsó y dio lugar a una autocracia (el Imperio).

Su gran temor era que uno de ellos, un ciudadano estadounidense, se convirtiera en un César.

Por eso fue que establecieron un número de “checks and balances” (separación de poderes y controles) para asegurarse de que un presidente no hiciera lo que Augusto: convertirse en emperador.

Roma es uno de los arquetipos en Occidente cuando se habla de imperios y superpotencias.

Algo que me sorprendió leyendo un artículo suyo es que, prácticamente desde que existen imperios, también ha existido una crítica de ellos. Usted menciona a Heródoto. Están los grandes estudios dedicados a eso, como “Grandeza y decadencia de los romanos” de Montesquieu y por supuesto Edward Gibbon con su “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano”. Ambos hablan de un “declive moral y pérdidas de virtudes cívicas”…

Si, bueno… Hay dos tipos de decadencias aquí: la decadencia y caída del Imperio, que Gibbon vio que tenía semejanzas con lo que ocurría con el Imperio Británico, y la pérdida de EE.UU. (no sospechaba que el Imperio Británico se iba a expandir mucho más en el siglo XIX).

Creo que lo que preocupaba a los Padres Fundadores era no tanto eso, como la decadencia de la República romana, algo muy diferente.

Y ese declive fue básicamente el proceso por el que, aunque en el último siglo de su existencia Roma logró grandeza, logró convertirse en una superpotencia en el Mediterráneo y en el poder militar y económico dominante en el mundo antiguo, al mismo tiempo los ciudadanos romanos perdieron su libertad.

Esencialmente -pensaron los Padres Fundadores- eso ocurrió porque se involucraron en aventuras externas, consiguieron muchas riquezas y eso permitió que personas como Julio César, Pompeyo y Augusto adquirieran demasiado poder y pusieran al resto de los romanos bajo su sombra.

Los primeros estadounidenses le tenían mucho temor a la riqueza. Esencialmente querían una república de granjeros.

Temían hacia dónde podía conducir la riqueza por el ejemplo de Roma. Y los mismos romanos creían que la República había caído porque se había vuelto muy rica.

Los “Padres Fundadores” de EE.UU. modelaron el país en la República de Roma.

Mencioné a Gibbon y a Montesquieu porque uno de los argumentos dentro de Estados Unidos es que hay una decadencia moral y se han vueltomuy satisfechos de sí mismos.

Sí, esa es una ansiedad, pero tiene que ver con la parte del Imperio.

Para Occidente, Roma es el paradigma de una superpotencia, el arquetipo de grandeza perdida.

El hecho de que hubo un imperio que comprendía la mayor parte de Europa Occidental y el Medio Oriente y sin embargo colapsó, sirve como una especie de memento mori para todos en Occidente, que anticipaban que si los imperios ascendían también debían caer. Algo que parece comprobarse con todos los imperios europeos, como los de Carlomagno y Napoleón. O el Imperio Británico.

Creo que esa sombra persigue a Estados Unidos: la suposición de que el destino de Roma será el suyo.

Se pueden pensar en muchas películas de ciencia ficción en las que Washington o Nueva York son reducidas a ruinas. Y esta idea de ciudades abandonadas, cubiertas en hierba, viene de la noción de Roma abandonada, con sus columnas y sus arcos. Esa es una ansiedad muy primaria.

Pero el ejemplo opuesto, que muestra que los imperios no siempre caen, es China.

El imperio chino -fundado más o menos al tiempo con Roma-, aunque fue invadido muchas veces por bárbaros, siempre mantuvo un sentido de identidad. Los chinos no tienen la percepción de muchos en Occidente de que los imperios están condenados a derrumbarse.

La suerte de Roma también ha influido innumerable obras de arte.

Ese temor a la caída no es exclusivo de Estados Unidos, sino a cada poder europeo

Por ejemplo, al Imperio Británico, en su momento de apogeo, le halagaba la comparación con Roma pero al tiempo le preocupaba.

Volviendo a la época de la República, hay unas semejanzas sorprendentes. Usted en “Rubicón, auge y caída de la República romana”, describe a Roma como una “ciudad de inmigrantes”. También habla del enorme deseo del resto de los italianos de volverse ciudadanos de Roma y del temor que esto generaba en los sectores más conservadores de la ciudad de ser “inundados” por inmigrantes.

Si miras la poesía de Juvenal, el gran satírico del siglo II d.C., en ella describe al río Orontes de Siria derramando todo su suciedad en el río Tíber. Está hablando de inmigrantes sirios, algo que ahora causa gran consternación en Europa y Estados Unidos.

Pero igualmente, desde el principio Roma se vio como una ciudad fundada por inmigrantes (como Estados Unidos) e incluso se estableció un santuario al que podía ingresar cualquiera y redimirse de sus crímenes.

La razón por la cual Roma se expandió como lo hizo es porque tenía una noción muy generosa de ciudadanía, que incluía a personas de lugares conquistados.

Es por eso que Esparta, una ciudad también militarmente formidable, desapareció por completo. Tenían una visión muy restringida de quiénes podían ser ciudadanos.

Ahora, como en la antigua Roma, los refugiados de Siria son causa de preocupación Y de estigmatización.

Hablando de las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos y de esos temores… ¿Hay algún personaje de la historia de Roma que le recuerde a Donald Trump?

Me recuerda a Calígula y Nerón… No porque vaya a convertir a su caballo en cónsul o matar a su madre (risas) sino porque representa una línea de opinión política parecida.

En la época de la República había un estilo de hacer política llamado “populares”. Denotaba alguien que, aunque no necesariamente pertenecía a la clase popular, le hacía creer que estaba de su lado. Les divertía, entretenía y halagaba.

Julio Cesar, por ejemplo, era un “populares”, un patricio bien educado que incluso decía que descendía de Venus, pero que al mismo tiempo era espléndido con la gente, gracioso y le proporcionaba entretenimiento.

Calígula y Nerón tienen hoy en día reputaciones terribles, en parte porque los formadores de opinión pública de élite que escribieron la historia y las biografías detestaban a los “populares”. Muy similar a la manera en que los formadores de opinión de élite de hoy en día en Estados Unidos detestan a Trump.

Es posible que las futuras generaciones leerán sobre Trump sólo en las páginas del New York Times o los reportes de CNN y creerán que nadie lo quería.

Por supuesto lo que Trump hace es entretener a la gente. Y descubrió lo que Calígula y Nerón: que al insultar a las figuras de élite, al decir cosas que no se supone que digas, te puedes volver increíblemente popular.

La gente disfruta viendo a la élite humillada.

Por ejemplo, cuando Trump se burlaba de Jeb Bush diciéndole que era “bajo de energía”, básicamente se burlaba de su privilegio.

Una de las muchas maneras en que EE.UU. se asemeja a Roma es que, a pesar de ser una república, tenía dinastías políticas como los Clinton y los Bush. Y Trump humilló a un miembro de esa dinastía, algo que le gustó a mucha gente.

Las burlas de Donald Trump a personajes como Jeb Bush son muy populares.

Y la manera como el “establishment” estadounidense está reaccionando contra Trump es muy similar a como, por ejemplo, Cicerón reaccionó contra Catilina.

En la república romana virtud y responsabilidad se asociaban con la manera como la élite conducía sus asuntos. Cualquiera que se levantara contra esto era detestado. Catilina fue destruido, Julio César también hizo eso y provocó una guerra civil…

No creo que Trump vaya a hacer algo así, pero se entiende mejor bajo la categoría de “populares”.

Usted menciona que cuando el general Sulla marchó hacia Roma y la ocupó, con ese acto no resquebrajó el sentido de identidad de los romanos porque no afectó sus instituciones y leyes. Ahora en EE.UU. muchos acusan a Trump de atacar la identidad misma del país al criticar, por ejemplo, el sistema electoral, sugerir que es manipulado en su contra y no decir si aceptará lo resultados.

Sí. Creo que lo está haciendo. Y en ese sentido hay paralelos con Julio César, que era muy impaciente con la tradición de la República. Él decía: “¿qué es la República sino una palabra, nada más?”.

No creo que Trump sea tan inteligente o exitoso como Julio César, pero que un candidato presidencial diga que puede ignorar la voluntad de la gente incluso antes de que se realicen las elecciones, es algo sin precedentes. Y muy peligroso, precisamente por las razones por las que Julio César fue peligroso para la República.

Un sistema político por consenso, como es la democracia, depende del respeto de los candidatos, que operen dentro de ese sistema. Respeto por las convenciones, tradiciones, leyes y Constitución.

En ese sentido creo que lo que Trump está haciendo es increíblemente amenazador para la integridad de la democracia estadounidense.

La caída de la República y la decadencia del Imperio romano han sido objeto de estudios y reflexiones durante siglos.


Si Trump gana las elecciones y se convierte en presidente… ¿podría Estados Unidos estar en una especie de encrucijada como la que vivió Roma cuando cayó la República y se convirtió en autocracia?

No lo creo, porque, como dije antes, los Padres Fundadores tenían el temor de que algo así ocurriera y por eso instituyeron el sistema de checks and balances.

Uno de los problemas de eso es, por ejemplo, que el gobierno de Estados Unidos muchas veces se paraliza porque el Presidente y el congreso no son capaces de salir de un punto muerto por enfrentamientos.

Con toda seguridad uno de esos casos se presentará si Trump llega a ser presidente.

Seguramente trataría de resolverlo por la puerta de atrás y pondría mucha presión en la Constitución, pero pienso que el sistema resistiría.

Estados Unidos es una democracia longeva y la Constitución es respetada a lo largo de todo el sistema político. No creo que el sistema le permita convertirse en una especie de César.

Julio Cesar fue quien le dio el golpe de gracia a la República. Su heredero, Augusto, se convirtó en el primer emperador.

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