“Soy prosti… ¿y qué?” Las historias de las mujeres que venden su cuerpo en Maracaibo

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Cada hora cuenta, en sesenta minutos pueden embolsillarse hasta 100.000 bolívares… esta es la historia de distintas mujeres en Maracaibo que decidieron tener como “oficio” ser trabajadora sexual.

Una mujer que se hace llamar “Escarlata” aseguró que tiene que hacer dinero para poner el pan en su mesa: “Lo que no se muestra, no se vende. Yo exhibo mi mercancía y atrapo. El que se quiere comer este melón (y se agarra la cadera mientras va bajando su mano) debe pagar lo que vale, sino que se coma un mango. A mi cuerpo le he invertido bastante, la frutica cuesta”.

Destacó que los lunes y martes “son para descansar”, mientras el resto de la semana está parada en una esquina de una transitada avenida de Maracaibo donde está acostumbrada a las miradas indiscretas de los conductores que bajan la velocidad para verla y también a los gritos de los más atrevidos: “Nos dicen chupirico y doblatubo; antes me molestaba, pero ahora me da risa y lo que hago es mover las caderas cuando me lo dicen”.

Apuntó que se prostituye por oficio y no por gusto. “Mi padre me golpeaba y decidí irme de la casa, no tenía a donde ir y una amiga me recomendó un señor que daba cobijo, pero a cambio perdí la virginidad. En ese momento comencé a estudiar la carrera de trabajadora sexual y ya me gradué”.

Asimismo, “Wendy” no tiene pudor al narrar su historia y expresó que “lleva una vida normal como cualquier mujer”, reseñó Panorama.

“Estudio derecho en una universidad privada por las tardes, cuando tengo clases no agarro ningún cliente, así me pague triple, no es que vaya a dejar de prostituirme cuando me gradue. Mi familia no sabe que soy una trabajadora sexual, creen que soy enfermera y esa es mi excusa para salir por las noches sin tanta explicación. Todos los días me ven salir con mi uniforme blanco, pero debajo no llevo pantaletas“, contó.

Resaltó que “esta vida es como la de los taxistas, a veces hay días que haces mucho dinero y otros que solo te alcanza para pagarle a los policías cuando te extorsionan. Hay fines de semana que no paro, trabajo literalmente, ‘hasta que el cuerpo aguante… y cómo aguanta’. Me monto en un carro y mientras voy de vuelta, me arreglo rápido y apenas me bajo en mi esquina, me para otro auto y así va cayendo la noche. Después de las 3:00 de la madrugada es la hora más fuerte porque los hombres salen de las discotecas ‘hambrientos’ y es cuando más buscan los servicios. Cuando sale el sol, me compro un par de pastelitos y me voy a la casa a dormir”.

De igual forma, “Cristal” es una mujer que tiene cinco décadas sobre su cuerpo y está lejos de modelar la silueta de una conejita Playboy, sin embargo, eso no es impedimento para que algunos buhoneros de la zona la buceen y piten a cada rato.

“No le hacemos daño a nadie. Somos amas y dueñas de nuestra vida. No cometemos un delito más allá de la moralidad de algunos que nos critican, pero tienen deseos de tenernos por unos minutos. Soy prosti… ¿y qué?“, expresó.

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