Anfibios al borde de la extinción en Venezuela

Casi 20 tipos de sapos y ranas están en peligro por la proliferación de un mortal hongo y el avance de la contaminación y el cambio climático.

Las ranas y sapos venezolanos están en peligro crítico debido al cambio climático, como el aumento de temperaturas complican la reproducción y la propagación de un hongo mortal , dicen los científicos,. Fotografía tomada el 30 de noviembre de 2015. Crédito: Carlos Garcia Rawlins / Reuters.
Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Reuters) – En el corazón de Caracas, la capital de Venezuela, un pequeño grupo de profesionales intenta recrear en un laboratorio las condiciones naturales para la reproducción de los anfibios.

De su éxito podría depender la supervivencia de casi 20 tipos de sapos y ranas que encabezan la lista de especies en peligro de extinción del país, diezmados por la proliferación de un mortal hongo y el avance de la contaminación y el cambio climático que arrasa su medioambiente.

Según el Libro Rojo de la Fauna Venezolana publicado este año, las poblaciones de anfibios son las que más han decaído desde 1995, cuando se realizó el primer recuento de animales en peligro de extinción del país sudamericano, una de las 10 naciones con mayor número de anfibios en el planeta.

“De varias especies (de anfibios) que existen en el país, se puede decir que el 60-70 por ciento de ellas están en peligro crítico o ya casi extintas”, dijo el veterinario Luis Merlo, rodeado de peceras con pequeños sapos nacidos en cautiverio.

En un concurrido terrario de Caracas, Merlo dirige el primer centro de conservación de anfibios del país, en donde observan, analizan e intentan replicar la biología y forma de vida de especies afectadas, para luego reproducir animales que puedan repoblar zonas afectadas drásticamente.

En su primera etapa, que involucra la manipulación de variedades que están menos amenazadas, el plan ha dado buenos resultados: ya tienen familias reproducidas en el laboratorio.

Para una segunda fase, esperan poder manipular especies en riesgo crítico, dijo Merlo, quien controla sus ecosistemas, temperatura y hasta su alimentación, basada en artrópodos vivos, importados o criados en cautiverio.

“Es importante que la población entienda que no son los monstruos que pretenden hacer ver. Son animales muy sensibles, dependientes del medio ambiente y beneficiosos para el ser humano”, agregó el veterinario.

“ALGO GRAVE ESTÁ PASANDO”

“Anfibio” quiere decir dos vidas: los renacuajos se desarrollan en el agua y, luego de la metamorfosis, los adultos viven en la tierra, aunque muy cerca del agua.

Por su fisionomía son considerados termómetros de la salud del ecosistema donde se desarrollan. Tienen glándulas en todo el cuerpo y respiran por la piel, que es muy permeable, por lo que son susceptibles a los elementos a su alrededor.

Es por eso que el fenómeno más distintivo que está colaborando a la desaparición de los anfibios a nivel mundial, es una epidemia de un hongo letal, el Batrachochytrium dendrobatidis, que ataca la piel de estos animales.

La enfermedad ha golpeado especialmente al tipo de anfibio atelopus y hay unas 15 especies de estas pequeñas ranas, de colores brillantes y endémicas de las montañas venezolanas, que no han sido vistas en 30 años.

La crianza en cautiverio es una herramienta poco utilizada en la conservación de la vida silvestre porque es muy costosa, ya que supone inversiones en investigación, alimento y personal.

“Pero en el caso de los anfibios no hay muchas alternativas”, dijo Jon Paul Rodríguez, biólogo investigador del estatal Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas.

OLA DE EXTINCIÓN

La ola de extinción de sapos empezó en México y ha seguido su propagación hasta Sudamérica, explicó el también vicepresidente de la Comisión de Conservación de Especies de la Uicn, la autoridad mundial en materia de conservación.

El origen del hongo es un misterio. Otros países como Costa Rica, Panamá y Ecuador también iniciaron centros de conservación para intentar proteger a sus especies endémicas.

Entre las hipótesis se maneja que el hongo pudo estar presente siempre en las comunidades de anfibios, pero el cambio climático y el aumento de la temperatura cambiaron su sensibilidad.

“Los sapitos son como los canarios que se usaban en la antigüedad en la minas: son muestra de que algo grave está pasando en el ambiente”, dijo Rodríguez. “Quizá no nos afecte inmediatamente, pero es un proceso que avanza y si no lo detenemos a tiempo, todos saldremos perjudicados”.

Una rana Dendrobates leucomelas. Crédito: Carlos Garcia Rawlins/ Reuters.

Un herminae rana mannophryne. Crédito: Carlos Garcia Rawlins/ Reuters.