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¿Por qué es tabú hablar de la violencia que cometen las mujeres?

"Quería ver si el hecho de ser iguales en derecho había cambiado la forma en la que se construían los discursos sobre estas mujeres terroristas. Y la conclusión es que no".

"En esto, como en el mundo del trabajo, la competencia no es una cuestión de sexo, es una cuestión de individuos".

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

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Cegadas por el amor o herederas de las viejas brujas, las peligrosas furias o –con un poco de suerte– las míticas amazonas.

Ya sea que pertenezcan a grupos guerrilleros, organizaciones terroristas u otros grupos armados, las mujeres no son extrañas a la violencia política. Pero a la sociedad le cuesta reconocerlo.

Y, a menudo, incluso las dos cosas al mismo tiempo.

La participación femenina en organizaciones terroristas y movimientos guerrilleros no es nueva, pero sigue siendo tabú.

Y eso se nota en la forma en la que todavía hoy se acostumbra explicar la violencia política practicada por las mujeres: a partir de arquetipos –o caricaturas– que evidencian –y refuerzan– estereotipos de género.

“Uno tiene la impresión de que se la trata como una eterna novedad, es algo que siempre genera sorpresa”, dice la historiadora francesa Fanny Bugnon, autora de un reciente libro sobre el tema.

“Aunque hoy, al igual que hace 30 años, que hace un siglo, que hace diez siglos, siempre ha habido mujeres dispuestas a recurrir a la violencia para avanzar ciertas ideas“, agrega.

Gudrun Ensslin fue una de las militantes más conocidas del grupo radical alemán Fracción del Ejército Rojo, también conocido como la Banda Baader-Meinhof.

El libro de Bugnon se titula “Las amazonas del terror” y analiza a profundidad el caso de las mujeres vinculadas a los grupos armados de los denominados “Años de plomo” europeos (1970-1980): las Brigadas Rojas, en Italia, la Fracción del Ejército Rojo, en Alemania, o Acción Directa, en Francia, entre otros.

“Pero la sensación que tengo es que cuando hoy se habla, por ejemplo, de mujeres kamikaze o mujeres guerrilleras –donde sea que estén y cualquier que sea la causa que defiendan– su existencia sigue chocando y sigue causando estupor”, le dice a BBC Mundo.

“Es como si lo que hacen fuera peor por el sólo hecho de ser mujeres”, explica.

ANORMALIDAD

De hecho, la idea de que la violencia política femenina es antinatural –que parte de la convicción de que están hechas para dar vida y no para quitarla– es tal vez el ejemplo más extremo de cómo la participación en la vida política y social de las mujeres casi siempre es valorada a través del prisma de su sexo.

Y, también por eso mismo, también se acostumbra explicar usando arquetipos que refuerzan los estereotipos de género, como demuestra Bugnon a partir de los casos de Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin, Joëlle Aubron, Nathalie Ménigon y otras mujeres integrantes de los grupos radicales de izquierda que realizaron ataques armados, secuestros y asesinatos en la Europa de 1970 y 1980.

Las FARC tienen una página web dedicada a las mujeres que integran el grupo guerrillero.

“El arquetipo clásico es la idea de que las mujeres que integran esas organizaciones llegaron ahí siguiendo a un hombre; y están cegadas por el amor, por sus sentimientos”, explica Bugnon.

“Aunque al mismo tiempo, y a menudo para describir incluso a las mismas mujeres, hay otros arquetipos que sirven para estigmatizar su desviación de la norma: la bruja, la furia, la amazona”, agrega.

Además, los medios por lo general también le prestan un interés desmedido a la apariencia física de terroristas o guerrilleras, algo que casi nunca se hace con sus compañeros de causa.

Interesa si son femeninas o no, seductoras o no, masculinas o no. Es decir, no sólo se hace una lectura sexuada, sino un lectura sexualizada”, le dice la historiadora a BBC Mundo.

Y, muy significativamente, los discursos mediáticos que se construyen alrededor de ellas se crean con independencia de lo que dicen las mismas mujeres y de la verdad histórica.

Los medios le han puesto mucha atención a la apariencia física de la integrante de las FARC Tanja Niejmeijer, así como a sus supuestas relaciones con líderes guerrilleros.

Un ejemplo del libro de Bugnon es la publicación, en el Paris Match de su época, de fotos semidesnudas de la militante de Fracción del Ejército Rojo Gudrun Ensslin bajo el titular “Gudrun, la sublevación del porno”, a pesar de que las mismas pertenecían a una película experimental y no a un video XXX.

Otro, el conveniente olvido de que tanto Ensslin como su compañera de grupo Ulrike Meinhof habían sido madres antes de empuñar las armas, para poder ahondar en un retrato de las militantes como ajenas a la maternidad y por ende frustradas e incompletas: otra forma de insistir en su caracterización de mujeres fuera de la norma.

Y, más recientemente, varios de esos arquetipos y énfasis pueden apreciarse en el tratamiento dado, por ejemplo, a Tanja Nijmeijer, la holandesa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), organización que tiene una página web completa dedicada a sus guerrilleras.

VIOLENCIA Y MASCULINIDAD

El libro de Fanny Bugnon se centra en las integrantes de los grupos que marcaron los “años de plomo” europeos.

La elección del período de los años de plomo por parte de Bugnon, sin embargo, es particularmente interesante porque remite a un momento de auge del feminismo y en un conjunto de países en los que las mujeres ya habían logrado importantes avances.

“Quería ver si el hecho de ser iguales en derecho había cambiado la forma en la que se construían los discursos sobre estas mujeres terroristas. Y la conclusión es que no”, explica Bugnon, quien considera que, incluso hoy, la transgresión de las normas penales termina importando menos que la transgresión de las normas de género.

Y la situación no ha cambiado radicalmente.

“Obviamente hay cosas que cambian, aunque muy lentamente, y hoy hay más mujeres que pueden acceder a la violencia legal, en policía y ejércitos“, reconoce.

“Pero estas mujeres son ‘toleradas’, no son consideradas iguales a los hombres. Y su participación genera el mismo tipo de debate y reacción que las mujeres que practican la violencia ilegal. Es decir que el tema no es legalidad o ilegalidad, sino legitimidad”, agrega.

En otras palabras, sigue muy arraigada la idea de que la violencia es un asunto masculino, por lo que el involucramiento de las mujeres cuestiona las categorías con las que se piensa el mundo.

Pero, ¿sería acaso deseable que las mujeres pudieran acceder al ejercicio de la violencia de la misma forma que los hombres, sin cuestionamiento por su género?

“Lo deseable sería que los individuos sean considerados por sus acciones y no en función de su sexo”, responde Bugnon.

“En esto, como en el mundo del trabajo, la competencia no es una cuestión de sexo, es una cuestión de individuos”, concluye.

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Categoría: Mundo | Claves: BBCMun Farc