¿Cómo se volvió tan lucrativa la “peor restauración de la historia”?

El Ecce Homo (He aquí el hombre), un fresco de Cristo pintado en la pared de la iglesia de Borjas por Elías García Martínez en 1930, pronto se convirtió en una visita obligada cuando una bien intencionada mujer de 82 años que vivía en las cercanías decidió restaurarlo.

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Tomada de Daily Mail

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – La pequeña ciudad de Borja, en el norte de España, se convirtió por un curioso hecho en una ruta fija del turismo internacional.

Solo en 2012, la visitaron más de 150.000 turistas. En el inicio de su reciente boom turístico, surgió la idea de que los visitantes pudieran marcar su procedencia en un mapamundi en la puerta de la iglesia.

El lugar, y sus curiosas idas y venidas, han inspirado una ópera cómica e incluso una película.

Así que, ¿por qué el repentino interés? Esto es debido a que Borja es el hogar de una de las más famosas piezas de arte de los últimos años.

El Ecce Homo (He aquí el hombre), un fresco de Cristo pintado en la pared de la iglesia por Elías García Martínez en 1930, pronto se convirtió en una visita obligada cuando una bien intencionada mujer de 82 años que vivía en las cercanías decidió restaurarlo.

El resultado ha sido descrito como la “peor restauración de la historia”. De alguna manera, Cecilia Giménez, en su intento de restaurarlo, logró hacer aparecer una extraña figura, con una mancha en lugar de una expresión facial.

Ahora, la historia completa del Ecce Homo y cómo éste transformó el destino de Borja es el tema de un documental, reseñó Daily Mail.

Aunque a las autoridades de la iglesia le parece que lo que hizo Cecilia fue algo simpático, a la familia del artista original no le hizo gracia y diversas fueron las demandas.

Después de un mes, un exhausto guardián de la iglesia sugirió empezar a cobrar una tarifa de entrada para ver el fresco. Había colas afuera.

Cecilia, que estaba a la espera de ser escupida en la calle, fue muy bien acogida por los recién llegados, que corrían detrás de ella chillando: “¡Es Cecilia! ¡Es Cecilia!”.

No pasó mucho tiempo para que la gente de Borja se den cuenta de que el “nuevo” Ecce Homo fue haciendo más por la ciudad que el original.

Sin embargo, las disputas legales sobre la pintura cambiaron de dirección un tanto. Este fue -repentinamente- un caso de mucho dinero. Viñedos locales se peleaban por la adquisición de los derechos de uso de la imagen en sus etiquetas.

Un tribunal debía pronunciarse sobre quién “poseía” la nueva versión y decidió que los ingresos deben dividirse entre la fundación del hospital que administra la iglesia (designado por la familia del artista) y Cecilia.

Casi cuatro años después, sin embargo, ella dice que está “en paz” con lo que pasó y parece estar disfrutando de su notoriedad.

El tribunal dictaminó que la familia Martínez se queda con 51 por ciento de los derechos de autor, Cecilia con 49 por ciento, y el Ecce Homo, restaurado por Cecilia, todavía mira hacia abajo desde la pared de la iglesia.

Cecilia Giménez. Tomada de Daily Mail.

Así se exhibe la obra. Tomada de Daily Mail.