Los corredores del hambre en la Venezuela de Maduro

El Estado venezolano no ha sido capaz de contener el hambre. La escasez de alimentos, medicinas y productos básicos comienza a encender alarmas en el país caribeño. Entre tanto, el Estado se niega a aceptar ayuda humanitaria y continúa su estéril lucha contra la mentada "guerra económica".

Publicada por: Mariangélica Aumaitre el maumaitreb@gmail.com @Mariang_ab

Crédito: Carlos Garcia Rawlins / Reuters.

(Redacción Sumarium).- Hambre: Necesidad o ganas de comer. Escasez generalizada de alimentos básicos que padece una población de forma intensa y prolongada. Hambre: lo que sobrellevan los venezolanos.

Una ola de protestas ha estremecido a la Venezuela de Nicolás Maduro, una que en sus cortos tres años de mandato se ha caracterizado por adornar las calles con largas colas de personas que buscan abastecerse de comida a precios regulados, en medio de una profunda crisis reforzada por la caída de los precios del petróleo, principal economía de la nación suramericana.

La prensa es abrumadora: niños que que desmayan por hambre en los colegios, fotografías de neveras vacías, saqueos, protestas… Por si fuera poco, en las colas roban desde los puestos hasta los celulares. Aun así, noble, el venezolano sigue de pie esperando cambios.

Según la agencia EFE, la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (Ovcs) registró en el primer semestre de 2016 al menos 3.507 protestas, lo que equivale a un promedio de 19 protestas diarias en todo el país, un incremento de 24% con respecto al mismo lapso del año pasado.

El Ovcs señala que 27% de las demandas de quienes protestan tienen que ver con el “rechazo a la escasez y desabastecimiento de alimentos, lo que equivale a 954 protestas, un promedio de cinco manifestaciones diarias.

El presidente de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, no descarta que Venezuela llegue a experimentar la hambruna si no se toman con urgencia las medidas necesarias para combatir eficientemente la crisis, pero aclara que aún el país no ha llegado a ese extremo.

Insiste en que hay una brecha lógica entre hambruna y crisis alimenticia. La primera es un fenómeno masivo que afecta en amplio espectro a los habitantes de un país que mueren o se desnutren por falta de alimentos, algo que -asegura- no ha ocurrido en Venezuela.

Según el economista, el mes de mayo reflejó un pico de escasez en la Gran Caracas al alcanzar el 60,7%. Para entonces, se registró más del 90% de desabastecimiento en productos como el aceite de maíz y vegetal, café, carne de res, harina de maíz precocido, carne de res y leche.

“Estos números son serios. Esto nos deja 13 productos en escasez grave”, alertó.

Recientemente el escritor Argentino Martín Caparrós hablaba para el diario El País de su texto El Hambre. Decía que hoy día el hambre no depende de la capacidad humana de obtener alimento, sino de voluntad política o prácticas económicas.

Opinaba, además, que este fenómeno “no es un problema de pobreza, sino de riqueza” y de la concentración de la misma. Si hay tanta gente que no come, en su opinión, es porque otros lo hacen de manera “absolutamente desproporcionada e injusta”. “Los desnutridos son los malnutridos de las sociedades ricas, y muchas veces los obesos son los malnutridos de las sociedades pobres”, dice.

Y en Venezuela, ¿quiénes serían entonces los desnutridos y los obesos?

Las soluciones del Estado

Crédito: Carlos Garcia Rawlins / Reuters.

Señala la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que la idea general de una alimentación adecuada puede descomponerse en varios elementos, entre ellos el acceso oportuno a los productos. En este sentido, el Estado tiene la obligación de asegurar, por lo menos, que las personas no mueran de hambre.

El presidente Nicolás Maduro anunció hace un mes la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), encargados de vender bolsas con comida. Un pollo, 1 kilo de leche, otro de arroz, aceite, azúcar y margarina, es lo que generalmente se distribuye a las familias para un mes.

¿Por qué quejarse? Para los que “no necesitan los Clap”, existen las colas, y si no, los resolutivos bachaqueros, los negociadores por excelencia de la necesidad.

En el Zulia el gobernador Arias Cárdenas resolvió abastecer con productos de Colombia, apoyado en el decreto de Emergencia Económica de Maduro. Alimentos, medicinas, repuestos, etc., están al alcance de los zulianos, pero no a precios de subsidio. Al gobernador chavista lo han acusado de legalizar el contrabando en la entidad, sin embargo, los anaqueles han comenzado a llenarse.

En el interior del país la situación es diferente. Hace unos días el primer mandatario venezolano dio al traste con los Clap. El pasado lunes informó que los ministros estarán subordinados a la nueva Gran Misión Abastecimiento Soberano, dirigida solo por él y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López.

Mediante el decreto 2.367, donde se creó la Gran Misión Abastecimiento Soberano, Padrino López podrá “dictar resoluciones en empresas, localidades y municipios en tiempo real”. Se construirá así un nuevo sistema de distribución de productos que produzca mejoras en la economía del país y, especialmente, en el abastecimiento de artículos básicos, uno de los problemas más graves que tiene Venezuela.

¿Pero es la alimentación un asunto de intervención militar?

Según Padrino López, el país está ahorita sumido en una situación no convencional donde se han roto todas las reglas, “unas inducidas, otras por propias deficiencias que tenemos que corregir y otras por falta de gobernanza, pero todas esas cosas hay que alinearlas”. A su juicio, una de las maneras para alinear todos los factores que influyen en la producción nacional es tener un mando centralizado.

“A mí no me gusta la intervención militar en los asuntos que no son de naturaleza militar, pero esto es un asunto de seguridad y defensa de la patria y por eso la Fanb ha sido puesta y colocada al frente de esta situación que afecta la seguridad y defensa de la nación”, dijo en un acto desde Miraflores.

Alimentarse es un derecho humano

Crédito: Carlos Garcia Rawlins / Reuters.

Mientras el Gobierno delega funciones a los militares, criticados por el supuesto incumplimiento de lo que dicta la legislación venezolana, parece olvidarse de que el acceso a los alimentos es un derecho humano fundamental, intrínsecamente asociado al derecho a la vida.

De acuerdo con la FAO, la Declaración universal de derechos humanos de 1948 proclamó que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación”. Casi 20 años después, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1996) elaboró estos conceptos más plenamente, haciendo hincapié en “el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso la alimentación”, y especificando “el derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre”.

  • Para leer el artículo de la FAO haga click AQUÍ.

Los estados deberían hacer todo lo posible por promover un disfrute pleno del derecho de todos a tener alimentos adecuados en su territorio, en otras palabras, las personas deberían tener acceso físico y económico en todo momento a los alimentos en cantidad y calidad adecuadas para llevar una vida saludable y activa.

Además, su suministro no debe interferir con el disfrute de otros derechos humanos. Por ejemplo, no debe costar tanto adquirir suficientes alimentos para tener una alimentación adecuada, que se pongan en peligro otros derechos socioeconómicos, o satisfacerse en detrimento de los derechos civiles o políticos.

Según la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, los derechos humanos son “el centro de acción” del Estado venezolano, pero ¿dónde están las garantías de un anciano cuya pensión apenas supera los 15.000 bolívares y encuentra en el mercado una panela del tradicional papelón en Bs. 3.759? ¿Dónde están sus derechos cuando permanece más de seis horas de pie queriendo hacerse de un producto escaso a precio regulado? Habría que considerar, con un estudio a fondo, el centro de acción del que habla la canciller, pero eso es tela para otro vestido.

Hace una semana, unas 500 mujeres cruzaron la frontera con Colombia desde Táchira para comprar alimentos y medicinas sin importar el impedimento de la Guardia Nacional. Días después el Gobierno autorizó abrir el paso fronterizo por un día durante 12 horas.

Al respecto, el Periodista Ibsen Martínez sugirió un pertinente planteamiento en un texto que tituló “Maduro y las fronteras del hambre”: si lo que abrió la frontera con Colombia el pasado domingo no fue la voluntad del presidente Nicolás Maduro de aliviar la crisis, sino la “masiva y sostenida presión ciudadana” sobre el gobernador del Táchira, José Vielma Mora, y la “indeciblemente corrupta Guardia Nacional”.

Y digo pertinente porque, si efectivamente la respuesta acertada es la segunda opción, entonces, no sería tan impredecible lo que está por venir.