“El doble discurso” del Gobierno ante la marcha del 1-S

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Según el estudio de la firma DatinCorp, el 34% de los venezolanos ha expresado su interés en asistir a la marcha de este 1° de septiembre para exigir antes el Consejo Nacional Electoral (CNE) la fecha para la recolección del 20% de firmas que activará el referendo revocatorio y demostrar el rechazo del 80% del país contra la gestión del presidente Nicolás Maduro.

Sin embargo, en una publicación de El Mundo de España, escrita por el periodista Daniel Lozano, refiere que desde que fue hecha la convocatoria opositora, el gobierno ha mantenido un discurso con un doble sentido “evidente”: dificultar la protesta de los que ya han decidido participar y amedrentar a los que tienen dudas y miedos.

“En el libreto revolucionario se repite de forma constante que la oposición prepara un baño de sangre, pese a que sus dirigentes insisten en su llamado pacífico”, señala el escrito.

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El chavismo persigue a la oposición ante la ‘toma de Caracas’

“Está en marcha plan de golpe de estado fascista, dirigido desde Estados Unidos, para plagar a Venezuela de violencia. No lo vamos a permitir, el pueblo en la calle no lo va a permitir”. Nicolás Maduro se ha enfundado de nuevo su “mano de hierro”, como adelantó en su discurso televisado del sábado, para recuperar el clásico guión revolucionario como eje principal del gigantesco operativo bolivariano de hostigamiento y persecución contra la oposición en vísperas de la “toma de Caracas”, la marcha nacional convocada por la Unidad Democrática para el próximo jueves.

El doble objetivo es evidente: dificultar la protesta de los que ya han decidido participar y amedrentar a los que tienen dudas y miedos. Según el estudio hecho público por la firma DatinCorp, el 34% de la población ha expresado su interés en asistir a una megamarcha en la que se exige fecha para la recolección del 20% de firmas para el referéndum revocatorio y donde también se plasmará el rechazo del 80% del país contra la gestión de Maduro.

Todo vale para el plan gubernamental, incluso la emisión de un documental propagandístico acerca del golpe de estado de 2002, que será emitido esta noche de forma obligatoria para todas las televisiones y radios del país en prime time “para que el pueblo saque sus propias conclusiones”, según el “hijo de Chávez”. En abril de hace 14 años, una manifestación de la oposición de aquellos días degeneró en unos hechos violentos que provocaron la muerte de 19 personas (nueve opositores, siete chavistas, un fotógrafo y dos personajes ajenas a los hechos, según el Foro Penal) y el posterior golpe de estado militar, que alejó del poder a Hugo Chávez durante dos días. El chavismo nunca quiso convocar una Comisión de la Verdad para determinar las responsabilidades de unos días que se transformaron en fundamentos ideológicos de la revolución, uno de los principales anatemas contra sus críticos. Dieciséis muertes se quedaron sin juzgar.

En el libreto revolucionario se repite de forma constante que la oposición prepara un baño de sangre, pese a que sus dirigentes insisten en su llamado pacífico. El vuelo de avionetas privadas y de drones ha sido prohibido, se supone que para evitar atentados, aunque pareciera que el gobierno también quisiera impedir imágenes que confirmen la dimensión de la protesta.

“El gobierno necesita la violencia, la provoca, la induce, la estimula. Si aun así no la logra, es capaz de producirla, recurriendo a los montajes”, denunció Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la Unidad Democrática.

La nueva embestida contra los convocantes ha provocado el regreso a prisión de Daniel Ceballos, ex alcalde de la rebelde San Cristóbal del Táchira y uno de los presos políticos más conocidos de la revolución. La mano derecha de Leopoldo López en Voluntad Popular fue conducido de madrugada al penal de San Juan de los Morros, uno de los peores del país, porque según el gobierno preparaba su fuga para dirigir “actos de violencia” de cara al 1 de septiembre.

La respuesta de Amnistía Internacional fue inmediata: “Es una vil maniobra para silenciar a los opositores en medio de una creciente crisis política y humanitaria. Las autoridades en Venezuela parecen no querer detenerse ante nada”.

Así es. Antonio Ledezma, alcalde mayor de Caracas y preso político como Ceballos y Leopoldo López, recibió el sábado la visita del Servicio de Inteligencia (Sebin) en su casa, donde permanece en arresto domiciliario. La versión oficial es que querían comprobar quiénes le acompañaban.

Otro dirigente de Voluntad Popular (VP), Wagner Jiménez, alcalde de Maturín, sufre desde hace tres días el acoso de los agentes. Sobre él se ha dictado orden de detención acusado de corrupción, lo que el chavismo ha aprovechado para tomar por la fuerza la Alcaldía. Otros dos jóvenes militantes de VP fueron trasladados el sábado al terrible penal de Tocuyito. Su delito es participar en la recogida de firmas para el revocatorio.

Alta tensión. Así están las cosas en Venezuela cuando faltan tres días para la Toma de Caracas, que va sumando distintas épicas. La primera es la de decenas y decenas de indígenas, que iniciaron el miércoles una marcha desde Amazonas a la capital y que se han visto hostigados, una y otra vez, por los agentes del Sebin. Parecida persecución sufre el pintoresco sacerdote Lenin Bastidas, camino de Caracas entre rezos e himnos patrios. Desde Lara ya camina un grupo de minusválidos en silla de ruedas.

Todos ellos saben que muchos obstáculos quedan por delante. Incluso la oposición prevé que el gobierno cierre Caracas por norte, sur, este y oeste para impedir que sus seguidores en los distintos estados se sumen a los de la capital. El gobierno ha desplegado a 15.000 agentes, que multiplicarán las fuerzas del Estado dentro de la capital para que la marea opositora tampoco pueda acceder a las zonas centro y oeste de la capital, coto privado para las movilizaciones chavistas.

La penúltima tuvo lugar el sábado junto al Palacio de Miraflores, protagonizada por trabajadores afines a la revolución. Para mañana han previsto otra y el jueves desplegarán lo que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha bautizado de forma poco original como la Toma de Venezuela.

“Mientras más atropellos cometa el gobierno, más gente saldrá a la calle el 1-S”, subrayó ayer el gobernador Henrique Capriles, quien forma parte del núcleo de dirigentes que prepara la megamarcha, junto a los gobernadores Henry Falcón (Lara) y Liborio Guarulla (Amazonas), y los cuatro delegados elegidos por el llamado G-4 (la centrista Primero Justicia, la socialdemócrata Acción Democrática, la socialcristiana Un Nuevo Tiempo y VP). En Caracas se han establecido siete puntos de concentración, a los que también deben acercarse los “protestantes” que consigan eludir los bloqueos en las entradas de la ciudad.