El marqués de la época dorada de la Roja

Al conseguir la Copa del Mundo de 2012, un hito histórico que nadie le podrá arrebatar, entró, para siempre, en el Olimpo del balompié español.

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

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(Madrid, España. AFP).- Entrenador de la selección española que ganó el Mundial-2010 y la Eurocopa-2012, Vicente Del Bosque fue distinguido en 2011 con el título de marqués, un reconocimiento muy simbólico para un hombre de procedencia humilde, que hizo de la discreción, el respeto y el saber estar los pilares de su exitosa carrera.

Del Bosque llegó al equipo nacional en 2008, después de que España conquistara en Viena la Eurocopa con un juego atractivo de toque. Tenía la difícil misión de reemplazar al carismático Luis Aragonés, el hombre que engendró el mito de ‘La Roja’.

Apostó por la continuidad, por ser fiel a esa línea, y el equipo triunfó en el siguiente Mundial y en la Eurocopa, sin perder la efectividad y la brillante imagen asociada a este equipo de leyenda.

En la calle es posiblemente uno de los españoles más queridos y esta sobredosis de cariño contrasta con su carácter sencillo, alejado de cualquier estridencia o salida de tono, siempre elegante en la victoria y la derrota.

HOMBRE DE GESTOS

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Pero el seleccionador español es también un hombre de gestos y algunos de ellos han sido muy aplaudidos. Uno de ellos llegó en la entrega en Oviedo, en octubre de 2010, del premio Príncipe de Asturias (actual Princesa de Asturias), la versión española de los Nobel, a la selección española en la categoría de Deportes.

Invitó a subir al escenario a Luis Aragonés, tendiendo la mano a su predecesor, que no había digerido de la mejor manera que le alejaran de su ‘criatura’ cuando había alcanzado el éxito.

En las celebraciones de los títulos también ha dejado ver su lado más humano, invitando a participar de la fiesta a su hijo Álvaro, nacido en 1989 con síndrome de Down.

Como en un número importante de grandes historias con final feliz, los inicios de Del Bosque no fueron sencillos.

Nació en 1950 en Salamanca, en una familia humilde que sufrió represalias políticas por parte de las autoridades franquistas.

Tras destacar como futbolista en su ciudad, fue captado por el Real Madrid, al que se unió en 1968. Pasó al primer equipo en 1973 y hasta 1984 ganó, entre otros títulos, cinco Ligas y cuatro Copas del Rey.

Como entrenador empezó en 1985, en las categorías inferiores del Real Madrid, donde trabajó y fue técnico interino del equipo tras las destituciones de Benito Floro en 1994 y Jorge Valdano en 1996.

DOS CHAMPIONS CON EL REAL MADRID

En 1999 fue designado entrenador titular y a partir de entonces llegaron sus grandes éxitos con el equipo blanco, especialmente ganando dos Ligas españolas, dos Ligas de Campeones europeas y una Copa Intercontinental.

En 2003 llegó uno de sus momentos más difíciles, cuando días después de ganar el 29º título nacional de Liga para el Real Madrid, le comunicaron que no iba a ser renovado.

Del Bosque se sintió especialmente dolido al abandonar la casa donde había vivido la mayor parte de su carrera y estuvo un año sin equipo, hasta que fichó por el Besiktas turco en 2004, pero la aventura se prolongó sólo unos mees.

En 2008 fue designado seleccionador nacional y desde entonces su historia ha tenido éxitos importantes, con el Mundial-2010, el primero en la historia del equipo, como joya de la corona. Un hito histórico que nadie le podrá ya arrebatar y que le hizo entrar, para siempre, en el Olimpo del fútbol español.

Tras triunfar en la Eurocopa-2012, con un triunfo ante Italia por 4-0 en la final en uno de los mejores partidos de su era, el equipo inició su cuesta abajo.

La primera gran decepción llegó en el Mundial de Brasil-2014, cuando España no fue capaz de superar la primera fase. Dos años después la historia se repitió en la Eurocopa, con la eliminación en octavos ante Italia, este lunes.

A los 65 años y tras 8 al frente del equipo nacional, el entrenador preferido de los españoles ha preferido cerrar este capítulo. Para la historia quedarán sus títulos y también sus valores humanos.