El duro oficio de evitar que “se contaminen los planetas”

Los centinelas espaciales tienen la misión de evitar que las bacterias de la Tierra lleguen al espacio. Para ello esterilizan todos los instrumentos que van al espacio. No parece fácil, y no lo es.

Los centinelas espaciales en sus labores diarias. Créditos: Nasa
Publicada por: Ron González el RonGonzalezc@gmail.com @RonCcs

Podrá parecer un empleo del futuro o salido de alguna cinta de ciencia ficción, pero los encargados de evitar que “se contaminen los planetas” se toman muy en serio su labor de centinelas espaciales. Bien visto, el trabajo no es tan raro, aunque sí duro: hay que evitar que los instrumentos que van al espacio estén contaminados y sean responsables de un falso positivo mientras se recogen muestras y se busca algún signo de vida.

“Cuando le digo a la gente que mi trabajo consiste en evitar que se contaminen los planetas me miran con los ojos muy abiertos, como a un bicho raro”, dice Diana Margheritis, encargada del programa de protección planetaria de la misión ExoMars de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Los centinelas planetarios tendrán un importante trabajo en la misión ExoMars, que buscará vida en Marte en dos viajes a partir de 2016 y a un coste de USD 1.200 millones. La misión prevé incluso taladrar el suelo marciano a una profundidad de dos metros, algo nunca antes hecho.

“Mi trabajo consiste en mandar todo esto de manera que no contamine Marte”, explica Margheritis, como bien recoge Voz Pópuli.

Todo el material que irá al espacio es escrupulosamente esterilizado con el objetivo de evitar que alguna bacteria se cuele y eche por la borda la misión. “Hemos construido esta cámara para ensamblar las piezas y un laboratorio de microbiología para hacer todas las medidas de las esporas (…). Hemos integrado todo en Turín”.

El lugar más limpio… de la Tierra

La cámara en la que trabajan los centinelas planetarios es uno de los lugares más limpios de la Tierra, y los niveles de seguridad se equiparan a los que se usan para guardar a los virus más peligrosos del planeta. Detrás del cristal, dentro de la cámara, están los insiders (los de adentro), sometidos a una “tremenda presión” para evitar que las herramientas se contaminen.

“Un gesto tan simple como estornudar o coger algo del suelo puede desbaratar el trabajo de muchas personas durante muchos meses”, según comenta Carlos Briones, un científico titular del Centro de Astrobiología que ha supervisado estas operaciones.

Hasta la barba o el maquillaje están prohibidos, y cuando hablan no deben mirar a la sonda dentro de la cámara para evitar enviar alguna bacteria a Marte.

¿Son necesarios tantos cuidados?

Algunos científicos creen que las bacterias, por más resistentes que sean, no sobrevivirían un viaje tan pesado como ir a Marte, por lo que cuestionan seriamente la existencia de los centinelas planetarios. Además, el proceso para esterilizar los equipos consume alrededor del 25% del presupuesto de la misión ExoMars.

Pero Margheritis refuta las críticas.

“No estoy de acuerdo. Aunque en Marte haya mucha radiación, si una espora permanece protegida y encuentra un ambiente idóneo, donde haya agua hay una posibilidad de que germine”. Asegura que se podría “alterar la posible vida en el planeta e impedir a misiones futuras encontrar estas formas de vida en su estado original”.

El “calor seco”

El proceso para esterilizar los materiales que irán al espacio incluye, sobre todo, el llamado “calor seco”, usando un horno a 125 grados en el que se sopla aire que prácticamente no contiene vapor de agua. “Cada vez que aplicas el proceso a un material o a un instrumento ya ensamblado reduces unas 10.000 veces la cantidad de microorganismos presentes”, señala Briones.

El principal contaminante es, como no, el ser humano: cada centímetro de nuestro cuerpo contiene cerca de un millón de bacterias.

“Si llevamos un microorganismo que resista grandes dosis de radiación, o que crezca en medios ácidos o con mucha sal, podría sobrevivir al viaje y entonces empezarían los problemas”, concluye Briones.