ENH: Fraude, motos y Donald Trump, la quiebra del sueño americano

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)- Un grupo de venezolanos llegaron a pensar en estar en los más alto que ofrece el sueño americano en el año 2011, pero todo su futuro se derrumbó cuando invirtieron por separado y bajo engaño entre $12 millones y $15 millones en un negocio que nunca arrancó.

Se trata de un proyecto que fue llamado a ser la principal competencia del famoso restaurante Hard Rock Café, y donde contarían con la imagen e inversión del magnate y hoy presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, así lo reseñó el diario El Nuevo Herald.

Entre los venezolanos que en un principio se dispusieron a ser parte del famoso restaurante, hay quienes están siendo solicitados por la justicia venezolana. El trabajo de ENH indica que la mayoría de los inversionistas no se conocían entre sí, con la excepción de algunos que enfrentando la posible pérdida de su dinero salieron a buscar nuevos socios para que compraran sus participaciones.

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Lejos quedaban los días en que iba a ser candidato y más lejos aún su sorprendente victoria electoral que lo convertiría en presidente electo, pero cuando Donald Trump se bajó del helicóptero para ingresar al edificio, Ángel Briceño no podía más que sentirse maravillado por su buena fortuna.

“Sentía que ya tenía mi vida resuelta”, comentó Briceño, quien estaba en Nueva York, en ese día de octubre del 2011 para presenciar el ingreso de Trump en un negocio que crearía una cadena de restaurantes que pretendía rivalizar con Hard Rock Cafe.

El éxito del proyecto —basado en la imagen de Paul Teutul Sr., la estrella del programa American Chopper del Discovery Channel— parecía estar garantizado. Era como disparar al suelo, pensaba Briceño, un empresario venezolano que buscaba maneras de migrar a Estados Unidos.

“¿Cómo podía fracasar un proyecto con el Discovery Channel atrás, y con Paul [Teutul] Sr. como imagen. Y si Donald Trump llegaba a meterse, los inversionistas iban a llover. Yo me veía ya apareciendo en algún momento en la lista Forbes. Todo lo que venía era gloria”.

Estaba equivocado; lo que terminó llegando fue ruina y decepción.

Briceño terminó perdiendo sus ahorros, al igual que cerca de una docena de inversionistas que también colocaron dinero en alguna de las distintas versiones de la misma cadena de restaurantes diseñadas por el empresario venezolano Carlos Urbaneja alrededor de la figura de Teutul, y de su fábrica de motocicletas personalizadas Orange County Choppers (OCC).

Los afectados, la mayoría de ellos venezolanos, alegan haber sido llevados a invertir por separado y bajo engaño entre $12 millones y $15 millones en un negocio que nunca arrancó. Algunos de ellos, creyendo ser víctimas de un esquema Ponzi, presentaron una denuncia ante el FBI y luego procedieron a demandar a Urbaneja y a Teutul, en un proceso judicial que está siendo llevado en el Condado Broward.

También alegan que Urbaneja y Teutul terminaron vendiendo tres o cuatro veces el mismo proyecto a distintas “camadas” de inversionistas, en ocasiones otorgando participaciones accionarias en empresas de papel que en realidad no tenían activos registradas en ellas.

Cuando los reclamos de los inversionistas y los problemas se tornaban intolerables, el proyecto era relanzado bajo un nuevo nombre y una nueva estructura accionaria. De esa manera, la cadena de restaurantes que comenzó como OCC RoadHouse, luego se convirtió en OCC Café y posteriormente fue nombrada como OCC Fast Food.

La mayoría de los inversionistas no se conocían entre sí, con la excepción de algunos que enfrentando la posible pérdida de su dinero salieron a buscar nuevos socios para que compraran sus participaciones.

Urbaneja, quien también es solicitado por estafa por la Fiscalía 87 del Área Metropolitana de Caracas en Venezuela, declinó ser entrevistado para este trabajo de investigación, emitiendo solo un breve pronunciamiento por escrito.

“La demanda presentada en mi contra, en contra de mis socios y mis compañías no tiene mérito y hemos presentados mociones en corte para desestimar el caso”, manifestó Urbaneja en un correo electrónico.

“No obstante, y dado a que este caso se encuentra en medio de un litigio, mis abogados recomiendan no realizar ningún tipo de pronunciamiento público sobre los detalles específicos del caso, más allá de manifestar que vamos a defender vigorosamente este caso y vamos a presentar significativas contrademandas por los daños provocados a nosotros por los demandantes”, agregó.

Teutul, cuyas oficinas están en Newburgh, Nueva York, también declinó ser entrevistado, argumentando que aún no tenía detalles de la demanda. El Nuevo Herald sí logró entrevistar a más de media docena de los inversionistas afectados, quienes documentaron sus testimonios con extensas pruebas, incluyendo copias de contratos, transacciones bancarias e intercambios de correos electrónicos.

AUTOS DE LUJOS Y MOTOCICLETAS EXÓTICAS

Quienes alegan ser víctimas dicen que Urbaneja proyectaba una imagen de éxito, sobrellevando un estilo de vida suntuoso.

Tenía la práctica, por ejemplo, de ir a buscar a potenciales clientes al aeropuerto de Miami en autos de lujo y en ocasiones, prestarlos para que éstos no tuviesen que alquilar vehículos.

Eloy Jiménez, otro de los afectados, dijo que el día que lo conoció, Urbaneja manejaba un súper auto que impresionó a todos los que se encontraban en el restaurante donde lo estaba esperando, La Esquina del Lechón, pero a Urbaneja, siendo una persona de gustos refinados, no lo gustó el sitio.

“Llegó a buscarme en su súper Lamborghini y se paró todo el restaurante. [Pero] me dijo que no nos podíamos reunir allí, en ese lugar poca clase, y nos fuimos para su casa”, narró Jiménez.

“La primera vez que yo vine a los Estados Unidos a ver ese negocio, Carlos me fue a buscar al aeropuerto en un Lamborghini y me llevó a una casa en Brickell Avenue, que costaba supuestamente siete millones de dólares”, manifestó el ex socio de Urbaneja antes de insistir de que eso no era todo. Luego, “iba a un concesionario de carros y te prestaban un Ferrari para que no alquilaras carro y te llevaba a comer al restaurante Morton’s, en Brickell, y él siempre tenía un casillero donde metía su botella donde decía Carlos Urbaneja en una placa”.

Pero más que los autos y el lujo que le rodeaba era la talla de las personas con que se codeaba lo que terminaba generaba la mayor impresión, y ya para el año 2011, teniendo solo dos años en Estados Unidos, Urbaneja ya contemplaba entrar en negocio con celebridades.

Varios de los afectados fueron trasladados a Nueva York para reunirse con Teutul, cuyo reality show, American Chopper, se había vuelto popular en Estados Unidos y en América Latina.

Gabriel Argüello, otro de los inversionistas afectados conoció a Teutul en su fábrica de motocicletas de Newburgh y recuerda que al principio fue recibido con algo de indiferencia, pero eso cambió tan pronto Carlos lo presentó como un potencial inversionista.

“Cuando le dijo así, Paul cambió su forma de tratar y ya éramos, ‘como tu sabes, ven para acá, ésta es tu casa’, y nos dio una oficina, tuvimos allí cinco días dentro de sus headquarters”, dijo Argüello.

Paola Arciniegas, otra de las presuntas víctimas, explicó que la imagen de Teutul era crucial para el desarrollo de la cadena de restaurantes.

“Íbamos a tener publicidad por parte de Paul Senior. Él iba a promover de cierta forma el restaurante en su programa, iba a diseñar una moto especial para el local y lo iba a visitar una cantidad de veces al año, como para la publicidad”, explicó Arciniegas.

NEGOCIANDO CON “DONALD” Y LA HAMBURGUESA DE $300,000

Los promotores pretendían lanzar la cadena de restaurantes en grande y buscaron reforzar el proyecto con la imagen de otro celebrity, Donald Trump.

Briceño, quien en ese momento ya estaba vinculado con otros proyectos de Urbaneja en Venezuela, recuerda haber recibido una llamada muy entusiasmada de Carlos en el 2011.

“Yo estaba en Venezuela, y Carlos me llama y me dice que Paul Senior había quedado clasificado en el programa de Donald Trump, The Celebrity Apprentice, y me decía que eso era un programa súper importante en Estados Unidos”, señala Briceño.

“Iban a hacer una especie de fusión de dos programas, uno American Chopper, donde Donald Trump iba [mandar a] hacer una motocicleta para él, y el otro en el Celebrity Apprentice, donde el reto que Paul Senior tenía esa semana estaba vinculado con las ventas de hamburguesas”, explicó.

Había gran interés en reclutar a quien cinco años después resultaría electo presidente de Estados Unidos. Trump no solo era una figura mundialmente conocida sino que también tiene edificios en todo el planeta.
Briceño, quien en ese 2011 viajó a Estados Unidos bajo pedido de Urbaneja, recuerda que Trump llegó en helicóptero a la oficina de American Chopper e inspeccionó las instalaciones.

“Él llegó, saludó, echaron un par de chistes y hablaron del color de la moto que iban a hacer. […] Después nos trasladamos hasta Nueva York en el edifico de Donald Trump, donde fue la reunión”.

Briceño no estuvo presente en la reunión, pero recuerda el buen humor de Urbaneja cuando salió del encuentro. “Salió muy entusiasmado. Dijo habían grandes posibilidades y que Donald Trump había dicho que era una genialidad el proyecto, que le había parecido una cosa fenomenal”.

De allí el grupo se trasladó a una calle de la ciudad de Nueva York donde se estaba filmando The Celebrity Apprentice donde participaba Teutul. Allí estaban otras celebridades más, incluyendo a Arsenio Hall, Lou Ferrigno (antiguo interprete de Hulk) y Penn Jillette (integrante de la pareja de Magos Penn & Teller).

En la filmación del programa, Teutul vendía hamburguesas presentadas dentro de una cajita que llevaba su rostro. Competía contra otras celebridades, y los fondos recaudados serían entregados a la beneficencia preferida del fabricante de motocicletas, Make-A-Wish Foundation.

Teutul salió muy bien parado en ese programa, gracias a su socio, Carlos Urbaneja.

“Carlos Urbaneja compró una hamburguesa en $300,000”, relató Briceño. “Eso era porque esa era la forma en que Paul Senior empezaba mediáticamente a decirle al mundo de que se estaba asociando con un gran gurú de restaurantes, y que ese gran gurú compró en $300,000 una hamburguesa”.

Pese a las palabras alentadoras de Trump, el magnate nunca llegó a sumarse al proyecto —quizás porque olfateaba los problemas que estaban por venir, quizás porque nunca estuvo en realidad interesado— y Urbaneja pronto comenzaría a ser presionado por sus socios, quienes se tornaban impacientes por la falta de avance en la construcción de los restaurantes y por la manera en que los fondos que ellos aportaban estaban siendo utilizados.

Al final solo un local logró ser abierto bajo la marca de Orange County Choppers. Se encuentra en las instalaciones de Teutul en el estado de Nueva York.

Un segundo local fue inaugurado en Miami, pero éste terminó siendo desarrollado por uno de los inversionistas afectados, quien haciendo uso de los escombros del fracasado proyecto abrió el restaurante por su propia cuenta y bajo un nombre diferente.

Los esfuerzos de los inversionistas por recuperar sus fondos serán detallados en las siguientes entregas de la actual serie.