La historia de amor del “Tatuador de Auschwitz” que nació durante el Holocausto

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- Para los sobrevivientes del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial, la marca de un número imborrable en la piel para ser identificados, es un recuerdo a la trágica experiencia vivida durante esos años, sin embargo, para Lale Sokolov, ser el tatuador de Auschwitz fue una labor que le permitió conocer a quien sería su futura esposa.

De acuerdo con información de Infobae, esta increíble historia de amor fue reseñada por la escritora Heather Morris en un libro que tiene previsto publicarse el próximo 11 de enero en Reino Unido.

La autora cuenta que no fue fácil conseguirlo, pues a pesar de los años transcurridos, Sokolov aún consideraba que debía ser un secreto a resguardar por temor a ser visto como un colaborador de los nazis. Fue solo hasta el año 2003, con la muerte de su esposa, Gita Fuhrmannova, cuando sintió que ya no tenía nadie a quien proteger y se animó a contar su historia.

Sokolov, llegó a Auschwitz en abril de 1942 con 26 años de edad y el nombre de Ludwig Einsberg, procedente de Eslovaquia y de una familia judía. Se ofreció a los nazis para ser enviado al campo con la esperanza de salvar al resto de sus parientes que allí se encontraban, pero murieron antes de su llegada sin que él jamás se enterara, dato que pudo conocer Morris tras una extensa investigación sobre su caso.

Poco después de su llegada se enfermó de fiebre tifoidea y quedó bajo el cuidado de un francés llamado Pepan, el mismo hombre que le tatuó el número 32407 a su llegada.

Pepan estuvo a cargo de Sokolov y le enseñó el oficio de tatuador, pero un día desapareció. Tras la vacante, Sokolov fue elegido por los nazis como el nuevo tatuador del campo gracias a su habilidad con los idiomas, pues hablaba eslovaco, alemán, ruso, francés, húngaro y polaco.

La práctica se llevó a cabo solo en Auschwitz, y en los campos secundarios de Birkenau y Monowitz. Comenzó en el año 1941 y para 1943 todos los prisioneros ya estaban tatuados. Marcarlos en la piel era parte del trato de degradación y deshumanización que aplicaban los nazis.

Fue un día de julio de 1942 cuando llegó Gita Fuhrmannova para ser tatuada, pero al verla a la cara sintió horror. “Había algo en esa joven y en sus ojos”, narró Sokolov. Quiso evitar la tarea, pero Pepan -que para ese entonces aún era su jefe- lo obligó a hacerlo para no enfurecer a los nazis. Fue marcada con el número 34902.

Al verla a la cara sintió horror. “Había algo en esa joven y en sus ojos”

Gracias a ello pudo conocer después el nombre de la chica, y descubrir que estaba en el campo de mujeres de Birkenau. El cargo de Sokolov le daba cierto privilegio frente a otros prisioneros, por lo que pudo contar con la ayuda del guardia que supervisaba el campo donde estaba Gita y comenzar a intercambiar cartas con ella. También logró enviarla a un trabajo mejor y conseguirle raciones de comidas extra.

En 1945 Gita pudo irse del campo antes de que llegaran los rusos, lo mismo hizo Sokolov poco tiempo después y regresó a la ciudad de Krompachy, en Checoslovaquia, donde se encontró con su hermana.

Sin embargo, él quería encontrar a Gita, y para ello viajó a Bratislava en una carroza. Esperó durante semanas frente a una estación de tren, hasta que el supervisor le dijo que probara en la sede de la Cruz Roja. Cuando llegó allí, una mujer se paró frente a su caballo, era Gita.

Se casaron en octubre de ese mismo año y se mudaron juntos a Australia, donde tuvieron un hijo. Sokolov falleció en 2006, no sin antes inmortalizar su historia gracias a la escritora Morris que decidió plasmarla en un libro.

Gita Fuhrmannova. Crédito: Heather Morris / Infobae

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov. Crédito: Heather Morris / Infobae

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov. Crédito: Heather Morris / Infobae




Categoría: Mundo | Claves: Auschwitz Holocausto Nazis