Las feas historias de las “presas de Maduro”

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Joselyn Prato, Araminta González, Inés González y Leided Salazar tiene dos cosas en común: son venezolanas y no tildan con el Gobierno venezolano. Estas mujeres han vivido en carne propia el significado de disentir políticamente y se convirtieron en “presas” de Maduro.

Una publicación de el Mundo de España, hace un breve resumen del calvario que han vivido estas féminas acusadas de “desestabilizar la paz nacional” cuando decidieron hacer frente al régimen instaurado en Venezuela y hacer legitimo derecho a la protestar.

Joselyn Prato (La que escondió la marca de las esposas con tatuajes)

En un día de playa en Cayo Sal supo el significado de la palabra impunidad tantas veces leída o escuchada. Esta estudiante de ingeniería petrolera de 23 años “se metió con la persona equivocada” y fue embestida un grupo de guardias nacionales bolivarianos cual pelea de tigres. Hoy tras 68 días de cárcel todavía tiene dilatado el riñón, producto de los golpes. La joven se ha convertido en activista pro derechos humanos mientras espera su juicio. La acusan de alteración de orden público, resistencia a la autoridad, hostigamiento y actuar contra la Ley de la Mujer. A ella, que fue golpeada con saña por otras mujeres. Joselyn Prato se ha camuflado las marcas que le dejaron las esposas en las muñecas con los nombres de sus padres, Patricia y José.

Leided Salazar (La capitana que nunca fue golpista)

La capitana Salazar descansa en su cama, leyendo un libro de la historia de su país tras obtener una medida humanitaria de ‘casa por cárcel’ a mediados de febrero. Su madre intenta recuperarla tras los dos años de infierno que vivió en la cárcel de Uribana, donde sufrió “tratos crueles, inhumanos y degradantes”, según organismos de derechos humanos. Dentista asimilada como militar, fue condenada a 8 años de cárcel acusada de impulsar un golpe de Estado pese a que 86 testigos lo negaron en su juicio. “Perdió 15 kilos, tiene dolor en una cadera… Fue vejada verbalmente. No la sacaban a hacer ninguna actividad. Sólo leía, no hablaba con nadie…”, describe a Crónica su madre, Ana Teresa.

Araminta González (La química que no hacía bombas)

Su vida se torció el día que acogió a dos manifestantes de las protestas anti Maduro de 2014. Resultó que no eran opositores, sino dos asesinos infiltrados con vínculos con el poder. Tras 20 meses encarcelada, Araminta espera juicio, pero “ella es química, no terrorista”, explica entre lágrimas su hermana Míriam. Envolvieron su cuerpo con periódico y lo cubrieron con colchonetas para golpearla con tubos. También le arrancaron el cabello. Su novio, detenido a la vez, está desaparecido. Denunciada por “patriotas cooperantes”, Araminta fue acusada de querer fabricar una bomba. Se sobreseyó por falta de pruebas, pero se mantuvieron cargos de asociación para delinquir e instigación a la violencia.

Inés González (La tuitera terrible que no se callaba)

“No pueden resolver la crisis, pues ellos son la crisis”. El tuit lo firma la hispano-venezolana Inés González, Inesita Terrible, en Twitter. Mucha rebeldía y una lengua digital muy larga le ocasionaron 400 días en una mazmorra, que sólo acabaron al otorgársele una medida humanitaria de casa por cárcel para realizarse una histerectomía total. La acusaron de “terrorismo cibernético”, amenazas a Diosdado Cabello y por sus críticas a Robert Serra, “criminal que comandaba colectivos del terror” [paramilitares]. El diputado chavista fue robado y asesinado por delincuentes, entre ellos su ex jefe de escoltas. Tampoco se calla tras la cárcel. “Digo lo que me dicta mi conciencia”.