El bachaqueo golpea la economía y la dignidad de los ciudadanos

El sol calcinante, la brisa tórrida y el bullicio convirtieron en una penitencia la estadía en la lenta fila.

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Suamrium) – El llamado “bachaqueo” se ha convertido en una de las practicas económicas más lucrativas del país, debido a la actual situación económica y la escasez de los alimentos y productos de primera necesidad.

Los que se aprovechan de la situación económica que vive el país, se encargan de vender los productos que logran comprar en supermercados con un precio regulado a un mayor costo.

El diario regional El Tiempo, realizó un trabajo de investigación durante una mañana de mercado, para verificar los montos por los que son revendidos esos productos que están en la lista de escasez.

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En los últimos tres años, “bachaquear” (cargar pequeños lotes continuamente para revender) se ha convertido en un “oficio oportunista” en Venezuela debido a la escasez, según analistas económicos.

Quienes lo practican, adquieren productos a precios regulados, tras pasar horas en colas, que luego ofrecen con un margen de ganancia desmesurado.

El impacto de este negocio ilícito golpea la economía y la dignidad de los ciudadanos, comentan quienes hacen largas filas. 

Bastó con incorporarse a una cola que salía de la entrada principal del Abasto Bicentenario, ubicado en la avenida Intercomunal Jorge Rodríguez de Barcelona, que ocupaba unos 300 metros del estacionamiento, para conocer los sinsabores del “bachaqueo”.

Todos intentan rebuscarse. Vendedores informales improvisaron frente al expendio, justo en la acera que sirve de parada de los buses, otro mercado en el que ofrecen auyama, ocumo, yuca y plátano.

“Se cuidan y se venden bolsas, café y cigarro. Hay cachapas con queso, empanadas, tequeños y malta. Nestea bien frío pal calor, sandwiches, papelón con limón y ñapa. Jugo de naranja. Tisana”, repiten los vendedores, que se instalan a las 8:00 am en el lugar.

El sol calcinante, la brisa tórrida y el bullicio convirtieron en una penitencia la estadía en la lenta fila. Funcionarios la resguardaban, pero sus acciones eran calificadas como déspotas por los compradores.

El ingreso al local fue detenido por 30 minutos y quienes estaban en la cola aprovecharon para hidratarse. Los que no fueron preparados tuvieron que pagar Bs 300 por un litro de agua potable a los revendedores.

Apenas habían transcurrido cinco minutos, luego de la parada, cuando la gente empezó a molestarse.

“Mijo lindo, mi mamá no parió teja. Que nadie se colee. Saquen a los que se están coleando. Muévanlo que el sol está arrecho”, reclamó Alminda Rojas. La docente dijo que estaba indignada porque faltó al trabajo para abastecerse.

DESABASTECIDO

Cuando los consumidores entraron al recinto caminando rápidamente entre anaqueles repletos de pañales Pañalín y papel higiénico Súper Blanc, mientras la animadora Maite Delgado sonreía en la etiqueta de un desinfectante de la marca Click.

Dos hombres se colearon. Una mujer denunció el abuso ante ocho empleados del abasto que estaban a un lado de la fila, pero ellos hablaban, reían y escribían en sus celulares. “Señora, eso es con seguridad”, le respondió uno.
El aire acondicionado no enfriaba. Unas lámparas lucían quemadas, otras titilaban. Las paredes estaban sucias, los refrigeradores desmantelados y con chiripas.

24 de las 30 cajas funcionaban. En la cola de la 26: Bs 156,40 fue la cuenta por un paquete de pañales y dos de papel higiénico, tras pasar por la captahuellas, que para muchos ciudadanos que estaban en la cola es la versión tecnológica de la libreta de racionamiento utilizada en Cuba.

Al salir, el reloj marcaba las 10:22 am.

“Flaco, dame ocho tablas (Bs 800) por ese paquete de pañales”; gritó Alminda Rojas. El papel lo revendía a Bs 400. El combo de ese día le daba una ganancia de Bs 1.043,60.