“Hagan algo bien”: la indignación de Nacho hacia el Gobierno

Publicada por: Redacción Sumarium el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- El canta autor venezolano, Miguel Mendoza (Nacho), publicó una cata donde expresa su indignación sobre la crisis política y económica que atraviesa Venezuela, reseñó Caraota Digital en su portal web.

A continuación texto íntegro:

Por: Miguel “Nacho” Mendoza

Es frustrante pensar que en un mundo donde puedes hablar con otra persona sin importar la distancia que los separe e incluso puedes verle la cara a través de un aparato que más temprano que tarde será del grueso de una hoja de papel, aún (supuestamente) no existe el tratamiento que cure de inmediato la terrible enfermedad del cáncer. La verdad es que no me gusta pensar que existen unos niveles de maldad que se salen del rango de mi imaginación, pero es difícil dejar de creer en las teorías conspirativas que dicen que grandes empresas trasnacionales están tan comprometidas con su facturación que han preferido ayudar a propagar las enfermedades “curables” y terminales, de una manera acelerada, con el propósito de aumentar sus ventas en equipos y drogas.

He tenido la oportunidad de visitar unos cuantos hospitales en Venezuela, he visto el desespero y el sufrimiento directo a los ojos. Nadie entiende por qué tiene que pasar por enfermedades tan terribles y muchas personas en padecimiento se creen culpables de haber cometido un pecado imperdonable que aún desconocen y aseguran que la vida les está cobrando la falta. La mayoría de los pacientes de cáncer viven con la esperanza de despertar de un mal sueño. He conocido casos que son tan fuertes que para cualquiera es desgarrador simplemente verlos de cerca, imagínense el reto de quien lo vive en carne propia.

Sé que muchos de nosotros, los que nos oponemos a las acciones del gobierno venezolano, hemos denunciado una y otra vez las múltiples fallas de su gerencia y lo hemos hecho con rabia, con el peor de los humores, con indignación y odio, pero esta vez quisiera poner todos esos sentimientos amargos en un baúl.

Jamás me arrodillé ante su amado y venerado Hugo Chávez, pero no tengo problema en arrodillarme y humillarme ante el gobierno en actitud de ruego, si eso me asegurara que trabajarán por lo menos en devolverle la esperanza a tantas madres y tantos padres que no ven la luz al final del túnel, que sienten que les están arrebatando la posibilidad de vivir, a sus hijos.

Solo uno de los hospitales, que por cierto es el único de carácter autónomo al que he ido, está en condiciones respetables, el resto de los recintos que he visitado están en estados deplorables; no funcionan los aires acondicionados, no sirven los ascensores, hay una falta absurda de equipos técnicos, camas, colchones, camillas. El personal debe pasar por alto las regulaciones higiénicas y seguir laborando porque si se dejan llevar por la circunstancia, muchos enfermos llegarían al peor nivel de abandono que podrían experimentar. No hay medicinas ni simples ni complejas.

Cada representante me entrega una carta de petición de ayuda y casi siempre son las mismas lineas: “no consigo el medicamento por ningún lado”, “no nos han aprobado los recursos para sacar a mi hijo del país y nadie en Venezuela hace ese tipo de intervenciones”, “ya tiene dos semanas sin recibir la quimio”, “estamos desesperados”. Salgo con los bolsillos llenos de papeles que luego me siento a leer y para serles sincero no creo que mis posibilidades de ayudar pasen el 15% de las peticiones. Lloro en mi cuarto solo, me frustro, me retuerzo de impotencia. No me importa perder el orgullo, no me importa tener que vestirme de rojo y como sé que mucho le complace al ejecutivo nacional tener una legión de mentes manipuladas detrás de ellos, tampoco me importaría gritar consignas de amor al socialismo si hicieran algo bien, lo que sea.

En esta publicación quiero rogarles que por favor lo intenten, que en vez de librar esa batalla campal en contra de quienes se oponen a su locura, peleen la batalla necesaria para por lo menos surtir al país de medicinas de nuevo, que no se roben los recursos que deberían ser utilizados para los menos afortunados, que no abandonen los hospitales, que traten de suministrar los alimentos para esos niños que deben seguir una dieta especial por sus condiciones y apenas están comiendo (lo que haya) una vez al día.

¿Cómo es posible que se hayan hecho supuestamente más de un millón de casas, y los hospitales se estén cayendo a pedazos? ¿Quién les cree? ¿Cómo es posible que después de tantas expropiaciones a empresas privadas de alimentos, para supuestamente impulsar la revolución alimentaria, la gente se esté muriendo, “también”, de hambre?

Confío plenamente en la voluntad de Dios pero a veces siento que nuestros gobernantes hicieron un pacto con el enemigo. Sea cual sea la situación espiritual del Presidente de la República y su grupito de amigos, lo único que les pido es que hagan algo bien, lo que sea y por favor eviten ser los culpables de tantas muertes en Venezuela.

Att: Miguel Ignacio Mendoza.