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Transición difícil pero necesaria

En medio de un tortuoso proceso, el transporte público de Bogotá avanza hacia su integración plena.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Tiempo) La Alcaldía de Bogotá, por conducto de su Secretaría de Movilidad, acaba de anunciar que en cuestión de días culminará la implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) y pondrá fin, en consecuencia, al viejo esquema que por más de medio siglo imperó en la ciudad: empresas afiliadoras de buses a destajo, sin planeación, sin orden y sin condiciones para prestar un servicio digno a los usuarios.

El SITP lleva 30 meses tratando de ajustarse, con muchas dificultades, a esta nueva realidad, pues en la etapa de su concepción varios asuntos se trataron con excesivo optimismo, sin advertir su complejidad.

La vinculación de conductores al nuevo modelo, el proceso de chatarrización, la democratización de las nuevas empresas, las rentas pactadas con los propietarios, la integración de tarjetas, entre otros, han hecho la transición aún más engorrosa.

La letra menuda decía que la ciudad se dividiría en zonas operadas por sociedades serias, conformadas, incluso, por antiguos empresarios o propietarios de buses que recibirían una renta a 24 años por la entrega de sus vehículos, y que poco a poco irían saliendo los viejos y destartalados buses para dar paso a una moderna flota en la que ya no se necesitaría el efectivo y se pondría fin a la guerra del centavo.

Hoy, efectivamente, los ciudadanos advierten una mayor presencia de buses del SITP, 311 rutas mejor diseñadas, con paraderos exclusivos y tarjetas electrónicas.

El costo, sin embargo, ha sido alto. El asunto de la chatarrización se convirtió en una pesadilla. De 16.000 buses que debían salir de las vías, lo han hecho 4.000, y mientras esta cifra no crezca no podrán ingresar vehículos nuevos.

Por otro lado, dos empresas, que se le midieron a la democratización y están integradas por pequeños propietarios –Egobús y Ecobús–, tienen líos financieros y no han podido cumplir su parte. Con el agravante de que operan el 40 por ciento de las rutas y el 25 por ciento de la flota del SITP.

Es plausible el esfuerzo desplegado por las autoridades del ramo. Nunca ha sido fácil lidiar con un gremio tan complejo y difícil como el transportador. Por lo mismo, hay que ser prudentes con los resultados alcanzados y con lo que resta del proceso, pues el camino sigue siendo culebrero.

Lo decimos porque, si bien –como asegura la Administración– el SITP está implementado en un 70 por ciento, unos 1.060 buses siguen por fuera de la integración, cerca de 5.000 no se han chatarrizado, faltan 182 rutas por ‘sanear’, hay zonas sobrecargadas y otras con demandas de servicio. Y está el tema cultural: aunque la gente ha aprendido a hacer uso del modelo, aún le cuesta aceptar el servicio de transbordos. Movilidad anuncia que de aquí a noviembre saldrán otras 79 rutas y casi 5.000 buses. Y desde ese mes TransMilenio se hará cargo de 3.100 vehículos y 93 rutas de los operadores en problemas. Todo un desafío para una entidad a la que le sobran tareas pendientes; de ahí que se justifique el escepticismo de no pocos observadores.

Lo deseable es que Bogotá logre consolidar un sistema de transporte público que beneficie a todos, en especial a los pasajeros. Y las empresas operadoras deben ser conscientes de ello. De lo contrario, no habrá valido la pena semejante esfuerzo.

Categoría: Opinión