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Una visita trascendental

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Tiempo) – La visita oficial que el primer ministro chino, Li Keqiang, comienza hoy en Bogotá bien puede calificarse de trascendental. La razón es que se trata de quien ostenta el segundo cargo más importante de la nación más populosa del mundo.

Si bien el motivo formal de la escala en la gira del dignatario por América del Sur –que incluye también paradas en Brasil, Perú y Chile– es la conmemoración del aniversario número 35 del establecimiento de relaciones diplomáticas con Colombia, aquí el objetivo no es tanto celebrar el pasado, sino mirar hacia el futuro. Nuestros vínculos con la que se caracteriza ya como la economía más grande del planeta deben fortalecerse para beneficio mutuo.

El cambio ocurrido en los últimos años ha sido vertiginoso. China, que a principios de este siglo apenas aparecía como un punto débil en el radar de nuestros intereses, se ha convertido en el segundo destino de las exportaciones colombianas y la segunda fuente de las importaciones que hacemos, después de Estados Unidos. Vendemos esencialmente petróleo y compramos una vasta gama de productos, desde acero hasta automóviles.

La disparidad entre la oferta de un lado y otro se nota en las cifras. La balanza comercial colombo-china muestra una saldo en rojo en contra, que ascendió el año pasado a casi 5.400 millones de dólares. Semejante desfase podría llegar a otro máximo histórico en el 2015, teniendo en cuenta la caída en las cotizaciones del crudo.

La manera correcta de cerrar la brecha es estrechando lazos. A este respecto, nos encontramos unos pasos más atrás frente a Pekín que muchos de nuestros vecinos latinoamericanos. Peruanos y chilenos –para hablar de casos comparables– nos llevan una notoria distancia a la hora de desarrollar contactos y mercados. En una entrevista concedida a este diario, el embajador Wang Xiaoyuan insistió en las inmensas posibilidades que existen, sobre todo en el momento de vender alimentos a una población de 1.400 millones de personas cuyo ingreso se ha multiplicado.

No menos interesante es el tema de las inversiones. Las empresas chinas están a la búsqueda de oportunidades, pero han sido mucho más audaces en otros países. Sin duda, cierta sensación de cercanía llevó a que Venezuela y Ecuador estuvieran antes que nosotros en la lista de preferencias, pero ahora hay una voluntad manifiesta en la Alianza del Pacífico.

El área de integración profunda que conformamos junto con Chile, México y Perú tiene las mejores posibilidades de desempeño, sin los mismos riesgos de orden político o económico que se encuentran en Caracas y Quito. En tal sentido, Colombia tiene que jugar bien sus cartas y aprovechar la presencia de Li Keqiang para diseñar una agenda más ambiciosa.

Por ejemplo, China podría estar interesada no solo en proyectos industriales, sino en obras emblemáticas, como el metro de Bogotá. Nosotros deberíamos plantear que podemos ser socios del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, una iniciativa impulsada por Pekín.

En cualquier caso, hay que hacer mucho más. Solo así conseguiremos que las grandes posibilidades que hay se vuelvan realidad, y acortar la distancia que nos separa en kilómetros, pero no en anhelos de desarrollo conjunto.

Categoría: Opinión | Claves: Editorial El Tiempo