Yo vi cómo se entregó Leopoldo López

Una vez que llegué al lugar de concentración, frente a la estatua del político e intelectual cubano José Martí, ubicada en la Plaza Brión de Chacaíto, la avenida que recorrí ya estaba completamente cerrada por la cantidad de gente.

Publicada por: el andreduardo@gmail.com @AndrEduardo

En la imagen, el momento en que Leopoldo López se entregó a un piquete de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Créditos: Alejandro Cegarra / AP Photo / archivo

(Caracas, Venezuela) – El día en que Leopoldo López se entregó, luego de que el Estado venezolano emprendiera una operación de búsqueda y captura contra el líder opositor, la tensión se sentía en las calles de Caracas.

Seis días antes, López había encabezado una manifestación que tuvo como punto final la sede del Ministerio Público, donde hubo sucesos violentos tras terminar la protesta en los cuales estuvieron presentes y armados funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) que “no acataron” la orden de acuartelamiento, según dijo tiempo después el propio Gobierno nacional y según los videos que recogieron los hechos. El saldo de la jornada fue trágico: tres muertos.

El 18 de febrero de 2014 estaba convocada otra manifestación. Quienes asistimos estábamos al tanto de que López se entregaría, pues así lo había anunciado desde la clandestinidad, aunque muchos lo dudaban entonces.

La ruta de la marcha que culminaría con la entrega del opositor al sistema de justicia venezolano sería desde Chacaíto “hasta un punto” cerca del Ministerio de Interior, Justicia y Paz, donde el también responsable nacional del partido político Voluntad Popular (VP) continuaría “solo” el recorrido y entregaría un documento con el que defendería su inocencia.

ESTACIONES DEL METRO CERRADAS

Ese día, la mañana no fue normal. Las estaciones del Metro de Caracas cerca del punto de concentración opositor fueron cerradas a discreción y alegando “razones de seguridad”, como pude escuchar por los altavoces del tren fabricado por la empresa española Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) donde me transportaba.

La información de que las estaciones Chacao, Chacaíto y Sabana Grande habían sido cerradas fue lanzada por el operador del tren apenas una estación antes de la primera suspendida, en Altamira, en donde tuve que bajarme -justo antes de que se cerraran las puertas del aparato- para caminar hasta Chacaíto. Pude escuchar también cómo varios pasajeros exclamaron con rabia la palabra “dictadura” antes de unirse al río de gente que allí se bajó del tren.

Afuera de la estación, en la vía hacia el punto de partida de López, la tensión se mezclaba con el entusiasmo de dar una demostración contundente. Muchos estaban vestidos de blanco, como lo habían pedido los organizadores de la manifestación, y el río humano se dirigía hacia Chacaíto. Había adultos mayores que se negaban a devolverse a sus casas simplemente porque el Metro de todos los caraqueños, ese mismo que muchas veces trabaja gratis cuando hay marchas chavistas, tuviera otra vez estaciones cerradas el día de una protesta opositora.

A medida que caminaba y mientras más me acercaba al punto de concentración, más gente se veía en la avenida Francisco de Miranda y desde los edificios se comenzaban a asomar manos que saludaban y banderas de Venezuela que ondeaban.

También había descontento. Las personas que iban en grupo conversaban entre sí sobre el “desastre” diario de los venezolanos: inseguridad, escasez, inflación y corrupción.

UNA MULTITUD A LA ESPERA

Una vez que llegué al lugar de concentración, frente a la estatua del político e intelectual cubano José Martí, ubicada en la Plaza Brión de Chacaíto, la avenida que recorrí ya estaba completamente cerrada por la cantidad de gente.

Mientras pasaba el tiempo, a medida que se esperaba la presencia del líder opositor en el lugar, muchos de los asistentes se organizaban y se creó un corredor en el centro de la avenida para que pudiera pasar Leopoldo López.

Entretanto, desde un camión dispuesto para tal fin, varios dirigentes de distintos partidos políticos arengaban a los asistentes. Un helicóptero oficial daba vueltas en círculo sobre Chacaíto y los alrededores.

Ya para entonces estaba cerrada también la estación Altamira del Metro y se notaba que la manifestación no podría avanzar hacia el municipio Libertador, gobernado por el chavista Jorge Rodríguez y donde se encuentra la sede del Ministerio de Interior, pues estábamos rodeados de piquetes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB) con escudos y el resto de equipos antimotines. La fuerza pública nos obligó a quedarnos en el mismo sitio.

EUFORIA, VÍTORES Y DISCURSO

Una vez que llegó López, acompañado de su esposa Lilian Tintori, la euforia no se hizo esperar. Gritos y vítores los acompañaron y al mismo tiempo se iba cerrando detrás de ellos el corredor que se había abierto en el asfalto.

Seguidamente, López se subió a la base de la estatua de Martí. Lluvias de papel triturado comenzaron a caer desde al menos dos edificios de oficinas de la zona y una bandera de Venezuela gigante fue colgada desde uno de los pisos de un edificio residencial, tapando al menos cuatro ventanas.

Tras un gesto de agradecimiento, López inició su discurso:

“Como ustedes saben, hoy en Venezuela estamos viviendo un momento oscuro en donde los delincuentes son premiados por el gobierno y a los venezolanos que queremos un cambio en paz, en democracia, con la Constitución, nos quieren encarcelar.

El día de hoy, yo me presento ante una justicia injusta, ante una justicia corrupta, ante una justicia que no juzga de acuerdo a la Constitución y las leyes. Pero el día de hoy también le presento ante ustedes, venezolanas y venezolanos, nuestro más profundo compromiso de que si mi encarcelamiento vale para el despertar de un pueblo, y vale para que Venezuela despierte definitivamente, y que la mayoría de los venezolanos que queremos un cambio podamos construir ese cambio en paz y en democracia, pues bien valdrá la pena el encarcelamiento infame que me plantea, directamente, con cobardía, Nicolás Maduro. Es la mejor expresión de que en Venezuela no hay separación de poderes.

¿Cuántas veces dijo Maduro que me quería preso? ¿Cuántas veces dijo que daba instrucciones para que nos metieran presos? ¿Qué tiene que hacer el presidente dando instrucciones a una fiscalía, o a un tribunal? Esa es la mejor demostración de que en Venezuela no hay justicia.

Pero yo no quiero dar este paso, quizás a un silencio por un tiempo, sin dejar muy claro el porqué de toda esta lucha. Esta lucha sí es por nuestros jóvenes. Esta lucha sí es por los estudiantes. Esta lucha sí es por los que han sido reprimidos. Esta lucha sí es por los que están encarcelados. Pero esta lucha, hermanas y hermanos, es por todo el pueblo de Venezuela que hoy está sufriendo; está sufriendo colas, está sufriendo escasez, los jóvenes no tienen empleo, no tienen futuro, por un modelo equivocado; por un modelo que nos han implementado que es importado de otros países, que no se parece al bravo pueblo de Venezuela, y que nosotros juntos, hermanas y hermanos, tenemos que estar claros que tenemos que construir una salida a este desastre.

Esa salida tiene que ser pacifica, tiene que ser dentro de la Constitución, pero también tiene que ser en la calle, porque ya no nos quedan en Venezuela los medios libres para poder expresarnos. Si los medios callan, que hable la calle, y que hable la calle con gente, y que hable la calle en paz, y que hable la calle en democracia.

Yo ahora voy a proceder a ir al piquete donde está la guardia y donde está la policía. Lo voy a hacer, créanme, yo lo pensé mucho”.

En ese momento, la multitud comenzó a exclamar con insistencia “¡no lo vamos a permitir!”, pero López no se inmutó y continuó:

“Les quiero decir que estos días tuve mucho tiempo que pensar, analizar, escuchar radio, ver televisión, leer lo que no había leído en algún tiempo, hablar con mi familia. Las opciones que tenía era irme del país ¡y yo no me voy a ir de Venezuela nunca! La otra opción era quedarme escondido, en la clandestinidad, pero esa opción podría dejar la duda en algunos, incluso en algunos de los que están aquí, que nosotros teníamos algo que esconder, y no tenemos nada que esconder: yo no he cometido ningún delito, yo no soy un delincuente, yo no me tengo que esconder. Entonces la opción que me queda es presentarme.

Yo les pido por favor, les ruego, les ruego con el corazón, les ruego que cuando yo pase y me entregue, yo les pido por favor que ustedes se mantengan en paz. No tenemos otra opción, no tenemos otra opción. Yo no quiero más violencia, ni más confrontación. Así que yo les pido comprensión, yo les pido organización y les pido disciplina.

Quiero agradecerles a todos, pero en especial a una persona que me ha dado mucha fuerza, a una persona que hoy representa mi mayor pilar para estar aquí con ustedes: a mi esposa Lilian que está acá“.

De inmediato, Lilian Tintori se acercó aún más a López, desde abajo de la estatua de Martí, al tiempo que un grupo de personas la ayudó a ponerse de pie sobre varias manos que le sirvieron de apoyo para ubicarse a la misma altura que su esposo. Agarró fuertemente la mano de Leopoldo López y lo besó.

Unos segundos después, el discurso continuó:

“Hoy hermanas y hermanos yo les pido que sigamos en esta lucha, que no dejemos la calle, que asumamos nuestro derecho a la protesta pero que lo hagamos en paz, sin violencia.

Yo pido que nosotros, que todos los que estamos acá, que todos los venezolanos que quieren cambio, que nos instruyamos, que nos formemos, que nos organicemos y que ejecutemos la protesta no violenta, la protesta de masas, de voluntades, de almas y de corazones que quieren cambiar pero sin dañar al prójimo.

Yo les pido que no perdamos la fe.

Y yo estoy seguro, en el nombre de mis hijos, de mi hija Manuela, de mi hijo Leopoldo, y como decía Andrés Eloy Blanco: ‘El que es padre de un niño, es padre de todos los niños’. En nombre de todos los niños de Venezuela yo les juro que vamos a vencer y que muy pronto tendremos una Venezuela libre y democrática.

Que Dios los bendiga”.

LA ENTREGA

Tras terminar sus palabras, López se bajó de la base de la estatua y se puso al frente de la manifestación, junto a la dirigente -entonces diputada- María Corina Machado y marchó hacia uno de los piquetes de la GNB que nos rodeaban a todos, tal como lo había anunciado.

Ahí López se entregó. Los ánimos cambiaron. La euforia pasó a rabia y decepción entre los manifestantes. Decepción porque muchos no esperaban ver con sus ojos la realidad de que el sistema político imperante en serio había detenido a Leopoldo López y no a los grandes problemas del país, esos que por las calles había denunciado el líder opositor y que aún esperan solución.